Por qué en España está de moda el ‘value investing’

Por qué en España está de moda el ‘value investing’

Está claro que, por ejemplo, no hay una figura más mediática que Paramés en la comunidad inversora española
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García Paramés, Bernad, Guzmán de Lázaro, De la Lastra.

El value investing está de moda. No es que en las barras de los bares españoles sea conversación habitual; para eso ya están el resultado de Eurovisión, la convocatoria de Lopetegui para el Mundial o el chalet de Galapagar. Pero en el mundillo de los inversores, en los foros de Bolsa y en las webs especializadas es evidente que el value vive un buen momento (o, al menos, eso parece, por los comentarios, artículos y discusiones que suscita).

Éste es sólo uno de los motivos de que el próximo jueves 14 de junio Libertad Digital acoja un nuevo desayuno informativo sobre Alternativas de Inversión en el que analizaremos el Value Investing y la Cultura Financiera de la mano de Fernando Bernad, socio y gestor de una de las gestoras value más importantes del momento, azValor.

En este desayuno, además de disfrutar de un fabuloso café de La Mexicana, también contaremos con la participación de Manuel Llamas, jefe de Economía de Libre Mercado, Domingo Soriano, redactor de finanzas del grupo Libertad Digital y Juan Ramón Rallo, colaborador de esRadio y director del Instituto Juan de Mariana.

Hace unos días, el Instituto Juan de Mariana organizó su IV Jornada de Finanzas e Inversión. Y le dedicó una mesa al boom del value. Muchos de estos temas se pusieron sobre la mesa: desde qué es el VI hasta las razones por las que España se ha convertido en uno de los países europeos en los que las gestoras que siguen esta filosofía tienen más protagonismo.

Como apuntaba Vicente Varo, periodista económico y responsable de comunicación de Finect, probablemente el inicio del boom se puede asociar a la traumática salida de Francisco García Paramés de Bestinver. Entre la comunidad inversora, el nombre de Paramés ya hacía muchos años que era conocido y reverenciado. El Buffett español, como se le conoce en los medios, había conseguido para la gestora de los Entrecanales unas rentabilidades excepcionales durante más de una década y media. Pero fue su inesperada salida de la casa en la que había adquirido fama la que le llevó a las portadas de los medios. Bueno, eso y su ruptura, unos meses después, con sus antiguos compañeros, Álvaro Guzmán y Fernando Bernad, que habían fundado AzValor, el proyecto al que todo el mundo asumía que llegaría Paramés en cuanto terminase su obligado período de descanso.

La historia era jugosa: se parecía a los culebrones de verano en la prensa deportiva, con el crack decidiendo acerca de su futuro y varios clubes queriendo hacerse con sus servicios. Está claro que no hay una figura más mediática que Paramés en la comunidad inversora española. Y era lógico que el público que no seguía la prensa económica tan de cerca se preguntase qué hacía del gestor gallego una figura tan singular: la respuesta, Value Investing.

Los fanáticos de esta filosofía de inversión aseguran que no hay ningún secreto tras la misma. Que se trata de hacer lo que todos intentamos en nuestro día a día: comprar barato bienes de calidad. La teoría VI dice que el mercado a largo plazo es más o menos coherente y acaba reconociendo a las empresas sólidas, con buenas cifras y productos duraderos. Pero en el corto plazo no es así: en el día a día, la bolsa se comporta con un punto de locura, a veces con un exagerado optimismo, que dispara algunas acciones muy por encima de su valor real (pensemos en la burbuja de las puntocom de finales los 90), y en otros con un injustificado pesimismo, que castiga a todos por igual, a los buenos y a los malos negocios (por ejemplo, algo de eso ocurrió entre 2008 y 2010, cuando el temor a una crisis sistémica hundió los mercados de medio mundo).

Y ahí, en esos vaivenes cortoplacistas, los value aseguran que aprovechan sus oportunidades para invertir a largo plazo. Porque esta es la clave del VI: buscar buenas compañías a bajo precio y esperar sentados a que el resto del mundo reconozca el valor real de aquellos negocios. Lo que ocurre es que no es tan sencillo. ¿Cómo saber dónde hay una buena oportunidad? ¿Cómo distinguir una compañía castigada de forma injusta de una que está barata porque su balance o su modelo de negocio no dan para más? Pues no es fácil. Los libros sobre VI, que menudean en los últimos tiempos, hablan de:

  • buscar fosos (ventajas competitivas que a otras empresas les resulte complicado evitar)
  • negocios sólidos y con buenas perspectivas a largo plazo: empresas que podamos prever que seguirán siendo líderes en su sector en 10-15-20 años
  • penalizadas de forma injustificada por el mercado: quizás por su país de origen, el sector en el que operan o la coyuntura macro
  • con gestores confiables y con intereses alineados con los de los inversores: por eso, entre otras cosas, les encantan las empresas familiares
  • con margen de seguridad: es decir, que la diferencia entre el precio pagado y el valor estimado sea muy elevada (no vale un 5-10% de margen entre valoración y coste)

Incluso, hay una corriente del VI (los que se llaman “deep value”) que mira menos a la calidad de los negocios y mucho más a sus balances, que se salta casi todos los puntos anteriores buscando gangas (más en la línea de lo que planteaba Benjamin Graham, el padre del value).

Libre Mercado.

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García Paramés, Bernad, Guzmán de Lázaro, De la Lastra.

El value investing está de moda. No es que en las barras de los bares españoles sea conversación habitual; para eso ya están el resultado de Eurovisión, la convocatoria de Lopetegui para el Mundial o el chalet de Galapagar. Pero en el mundillo de los inversores, en los foros de Bolsa y en las webs especializadas es evidente que el value vive un buen momento (o, al menos, eso parece, por los comentarios, artículos y discusiones que suscita).

Éste es sólo uno de los motivos de que el próximo jueves 14 de junio Libertad Digital acoja un nuevo desayuno informativo sobre Alternativas de Inversión en el que analizaremos el Value Investing y la Cultura Financiera de la mano de Fernando Bernad, socio y gestor de una de las gestoras value más importantes del momento, azValor.

En este desayuno, además de disfrutar de un fabuloso café de La Mexicana, también contaremos con la participación de Manuel Llamas, jefe de Economía de Libre Mercado, Domingo Soriano, redactor de finanzas del grupo Libertad Digital y Juan Ramón Rallo, colaborador de esRadio y director del Instituto Juan de Mariana.

Hace unos días, el Instituto Juan de Mariana organizó su IV Jornada de Finanzas e Inversión. Y le dedicó una mesa al boom del value. Muchos de estos temas se pusieron sobre la mesa: desde qué es el VI hasta las razones por las que España se ha convertido en uno de los países europeos en los que las gestoras que siguen esta filosofía tienen más protagonismo.

Como apuntaba Vicente Varo, periodista económico y responsable de comunicación de Finect, probablemente el inicio del boom se puede asociar a la traumática salida de Francisco García Paramés de Bestinver. Entre la comunidad inversora, el nombre de Paramés ya hacía muchos años que era conocido y reverenciado. El Buffett español, como se le conoce en los medios, había conseguido para la gestora de los Entrecanales unas rentabilidades excepcionales durante más de una década y media. Pero fue su inesperada salida de la casa en la que había adquirido fama la que le llevó a las portadas de los medios. Bueno, eso y su ruptura, unos meses después, con sus antiguos compañeros, Álvaro Guzmán y Fernando Bernad, que habían fundado AzValor, el proyecto al que todo el mundo asumía que llegaría Paramés en cuanto terminase su obligado período de descanso.

La historia era jugosa: se parecía a los culebrones de verano en la prensa deportiva, con el crack decidiendo acerca de su futuro y varios clubes queriendo hacerse con sus servicios. Está claro que no hay una figura más mediática que Paramés en la comunidad inversora española. Y era lógico que el público que no seguía la prensa económica tan de cerca se preguntase qué hacía del gestor gallego una figura tan singular: la respuesta, Value Investing.

Los fanáticos de esta filosofía de inversión aseguran que no hay ningún secreto tras la misma. Que se trata de hacer lo que todos intentamos en nuestro día a día: comprar barato bienes de calidad. La teoría VI dice que el mercado a largo plazo es más o menos coherente y acaba reconociendo a las empresas sólidas, con buenas cifras y productos duraderos. Pero en el corto plazo no es así: en el día a día, la bolsa se comporta con un punto de locura, a veces con un exagerado optimismo, que dispara algunas acciones muy por encima de su valor real (pensemos en la burbuja de las puntocom de finales los 90), y en otros con un injustificado pesimismo, que castiga a todos por igual, a los buenos y a los malos negocios (por ejemplo, algo de eso ocurrió entre 2008 y 2010, cuando el temor a una crisis sistémica hundió los mercados de medio mundo).

Y ahí, en esos vaivenes cortoplacistas, los value aseguran que aprovechan sus oportunidades para invertir a largo plazo. Porque esta es la clave del VI: buscar buenas compañías a bajo precio y esperar sentados a que el resto del mundo reconozca el valor real de aquellos negocios. Lo que ocurre es que no es tan sencillo. ¿Cómo saber dónde hay una buena oportunidad? ¿Cómo distinguir una compañía castigada de forma injusta de una que está barata porque su balance o su modelo de negocio no dan para más? Pues no es fácil. Los libros sobre VI, que menudean en los últimos tiempos, hablan de:

  • buscar fosos (ventajas competitivas que a otras empresas les resulte complicado evitar)
  • negocios sólidos y con buenas perspectivas a largo plazo: empresas que podamos prever que seguirán siendo líderes en su sector en 10-15-20 años
  • penalizadas de forma injustificada por el mercado: quizás por su país de origen, el sector en el que operan o la coyuntura macro
  • con gestores confiables y con intereses alineados con los de los inversores: por eso, entre otras cosas, les encantan las empresas familiares
  • con margen de seguridad: es decir, que la diferencia entre el precio pagado y el valor estimado sea muy elevada (no vale un 5-10% de margen entre valoración y coste)

Incluso, hay una corriente del VI (los que se llaman “deep value”) que mira menos a la calidad de los negocios y mucho más a sus balances, que se salta casi todos los puntos anteriores buscando gangas (más en la línea de lo que planteaba Benjamin Graham, el padre del value).

Libre Mercado.

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