Bolivia: Declina aún más el campo San Alberto

Bolivia: Declina aún más el campo San Alberto

Una de las falencias más evidentes de la política hidrocarburífera boliviana es que no ha logrado reemplazar la producción de campos declinantes

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San Alberto, uno de los tres megacampos bolivianos junto a Margarita y Sábalo, está en constante declinación. Su producción actual es de 4,14 millones de metros cúbicos diarios de gas, en diciembre de 2017, según información proporcionada por la Gobernación de Tarija, ante la ausencia de datos ofrecidos por YPFB. En 2012, producía 11,54 millones de metros cúbicos diarios.

Los especialistas consideran que Margarita, también ubicado en Tarija, entrará en un proceso similar de declive en pocos años.

Una de las falencias más evidentes de la política hidrocarburífera boliviana es que no ha logrado reemplazar la producción de campos declinantes. En 12 años de gestión, el Gobierno no ha logrado poner en marcha  ni un solo campo nuevo. Hasta ahora, el 100% de la producción gasífera boliviana se basa en pozos descubiertos, desarrollados y puestos en producción durante administraciones anteriores. Por eso YPFB debe hacer que San Alberto produzca al 100% de su capacidad extractiva, dejándolo casi exhausto.

La política impositiva boliviana ha aumentado los ingresos fiscales bolivianos, pero a la vez ha inhibido a las empresas transnacionales a explorar nuevos yacimientos. Ello, más la estrategia de confiscaciones y nacionalizaciones realizada  en ese rubro y en otros de la economía ha dado un mensaje preocupante a los inversionistas externos, que ahora hacen lo mínimo necesario para mantener la industria a flote, pero no realizan grandes esfuerzos en tareas de exploración.

Habrá que decir también que en Bolivia, la “nacionalización” no impidió que sean las transnacionales las que sigan operando el negocio, como ocurría antes de 2006. Y esas empresas son las que han sido renuentes a invertir en el descubrimiento de nuevos campos.

En una situación como la actual, en la que la producción total de gas en 2017 fue de 56,6 millones de metros cúbicos diarios, es decir casi 8% menos que en 2014, el país no tendrá con qué negociar nuevos contratos de gas cuando haya fenecido en 2019 el que actualmente tiene con Brasil. El Gobierno espera que los pozos Jaguar y Boyuy   entren en operaciones entre los años 2020 y 2021, para mitigar la situación.

Para cumplir con el mercado interno y satisfacer los contratos de gas a Argentina y Brasil, el país necesita de alrededor de 60 millones de metros cúbicos diarios de gas y ahora sólo se producen 56,6 millones. Eso deja a Bolivia en una situación de fragilidad ante cualquier eventualidad.

Los próximos meses son decisivos para definir la estrategia boliviana de cara a la renovación de contratos con nuestro principal socio, Brasil, y como  se ve, el panorama es preocupante.

Editorial Página Siete.

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San Alberto, uno de los tres megacampos bolivianos junto a Margarita y Sábalo, está en constante declinación. Su producción actual es de 4,14 millones de metros cúbicos diarios de gas, en diciembre de 2017, según información proporcionada por la Gobernación de Tarija, ante la ausencia de datos ofrecidos por YPFB. En 2012, producía 11,54 millones de metros cúbicos diarios.

Los especialistas consideran que Margarita, también ubicado en Tarija, entrará en un proceso similar de declive en pocos años.

Una de las falencias más evidentes de la política hidrocarburífera boliviana es que no ha logrado reemplazar la producción de campos declinantes. En 12 años de gestión, el Gobierno no ha logrado poner en marcha  ni un solo campo nuevo. Hasta ahora, el 100% de la producción gasífera boliviana se basa en pozos descubiertos, desarrollados y puestos en producción durante administraciones anteriores. Por eso YPFB debe hacer que San Alberto produzca al 100% de su capacidad extractiva, dejándolo casi exhausto.

La política impositiva boliviana ha aumentado los ingresos fiscales bolivianos, pero a la vez ha inhibido a las empresas transnacionales a explorar nuevos yacimientos. Ello, más la estrategia de confiscaciones y nacionalizaciones realizada  en ese rubro y en otros de la economía ha dado un mensaje preocupante a los inversionistas externos, que ahora hacen lo mínimo necesario para mantener la industria a flote, pero no realizan grandes esfuerzos en tareas de exploración.

Habrá que decir también que en Bolivia, la “nacionalización” no impidió que sean las transnacionales las que sigan operando el negocio, como ocurría antes de 2006. Y esas empresas son las que han sido renuentes a invertir en el descubrimiento de nuevos campos.

En una situación como la actual, en la que la producción total de gas en 2017 fue de 56,6 millones de metros cúbicos diarios, es decir casi 8% menos que en 2014, el país no tendrá con qué negociar nuevos contratos de gas cuando haya fenecido en 2019 el que actualmente tiene con Brasil. El Gobierno espera que los pozos Jaguar y Boyuy   entren en operaciones entre los años 2020 y 2021, para mitigar la situación.

Para cumplir con el mercado interno y satisfacer los contratos de gas a Argentina y Brasil, el país necesita de alrededor de 60 millones de metros cúbicos diarios de gas y ahora sólo se producen 56,6 millones. Eso deja a Bolivia en una situación de fragilidad ante cualquier eventualidad.

Los próximos meses son decisivos para definir la estrategia boliviana de cara a la renovación de contratos con nuestro principal socio, Brasil, y como  se ve, el panorama es preocupante.

Editorial Página Siete.

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