López-Zafra: La estafa del bitcoin

López-Zafra: La estafa del bitcoin

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bitcoin

Por: Juan Manuel López-Zafra

“Money is gold, and nothing else”, John Pierpont (JP) Morgan

P. El control del crédito supone un control del dinero, ¿verdad?

R. ¿Un control del crédito? No.

P. Pero el fundamento de la banca es el crédito, ¿verdad?

R. No siempre; [el crédito] es una prueba del sistema bancario, pero [el crédito] no es dinero en sí mismo. El dinero es oro, y nada más.

La conversación anterior la mantuvieron en 1912 el Sr. Untermyer, jefe de la subcomisión Pujo, creada para investigar la influencia de la banca y del sistema financiero en la economía norteamericana, y el considerado como banquero más importante de todos los tiempos, John Pierpont Morgan,fundador del banco de inversión que lleva su nombre, aunque adosado hoy al de su comprador en 2000, Chase Manhattan. Es precisamente el CEO de la entidad, Jamie Dimon, procedente de la fusión de JP Morgan Chase con el Bank One de Chicago en 2004, quien en las últimas fechas ha salido a la palestra tras declarar que el bitcoin es una estafa, que hace que gente estúpida (aquí citó a su propia hija) se crea con un don especial por obtener rentabilidades altísimas en poco tiempo. Y señaló asimismo que nadie puede crear una moneda de la nada (“out of thin air”), y que el bitcoin solo podía ser deseado por quienes están fuera de la ley, traficando con drogas y con armas.

No voy a cargar las tintas sobre esta última afirmación, porque parecería que el Sr. Dimon ha, por fin, recordado las palabras del creador de su banco, efectuando una enmienda a la totalidad del sistema monetario mundial, y tengo la sensación de que no era su intención. Pero ¿qué otra cosa es el dólar desde que Nixon cerró la ventanilla del oro el 15 de agosto de 1971? ¿Qué es el euro, puesto en circulación a partir de la nada el 1 de enero de 1999? ¿Qué, aparte de la confianza en las autoridades, sustenta el sistema de monedas soberanas en la actualidad? Por otro lado, si una moneda debiese ser juzgada por sus usos delictivos, el dólar norteamericano hace mucho tiempo que debería estaría proscrito, como moneda de referencia (y de preferencia) del crimen organizado.

Tampoco voy a preguntarme si sería posible que el propio JP Morgan Chase del Sr. Dimon (que dijo que despediría a cualquier empleado que tomase posiciones en la citada criptomoneda) estuviese promoviendo lo que él mismo considera una estafa entre sus clientes, al ser su banco el cuarto comprador de bitcoins en el Exchange-Traded Note sueco Bitcoin Tracker One – SEK, tal y como señaló Zero Hedge el pasado 16 de septiembre.

Dejando aparte el juicio moral que la actitud de Dimon pueda suponer, y que cada cual hará según su criterio, me interesa que el lector pueda formarse opinión sobre si realmente el bitcoin es una estafa, si está en una burbuja y si realmente la tecnología subyacente, el Blockchain, tiene o no recorrido.

En cuanto a la primera consideración, la de estafa, no parece que sea el caso, a no ser que consideremos que cualquier activo con capacidad de modificar su valor lo sea. Estafa supondría la existencia de un grupo organizado que estaría manipulando los precios en el mercado para conseguir su beneficio en detrimento de otros. Inversores como Howard Marks consideran en cambio que sí, que se trata de una estafa piramidal comparable con la burbuja de los tulipanes holandesa del s. XVII o la de internet de 1999 (ambas, por otro lado, muy diferentes la una de la otra). Warren Buffet, por su parte, no es tan drástico, pero sí considera que el bitcoin no puede considerarse una moneda, como explica aquí.

No creo que Howards esté en lo cierto, aunque coincido bastante con Buffet, al faltarle, desde mi punto de vista, una característica fundamental para que el bitcoin pueda ser considerado dinero: la reserva de valor. Nada hay detrás de esta criptomoneda salvo un código que garantiza un evolución deflacionaria y limitada a 21 millones de unidades, de las que 16 millones y medio ya estarían en circulación. Claro que ninguna criptomoneda (salvo el Hayek, del que ya hablamos en su día) y, por supuesto, ninguna moneda actual cumple con el requisito de reserva de valor, puesto que las últimas, sin excepción, son todas fiduciarias. Esa ausencia de su esencia lleva a que la deuda pública norteamericana haya alcanzado los 20 billones de dólares (un 20 seguido de 12 ceros, cantidad que pagaría toda la deuda hipotecaria de los norteamericanos y aún sobrarían seis billones) y a que la historia del balance del Banco Central Europeo parezca más una etapa del Tour de Francia que la de un banco central que vela por los intereses de los ciudadanos de la eurozona.

Quitando esa característica, para mí esencial, de la moneda, el bitcoin cumple sin embargo con todos los requisitos para serlo; cómo si no se explicaría la posibilidad, no confirmada pero sí insistente, de que Amazon lo fuese a aceptar como medio de pago en los próximos meses.

En cuanto a que el bitcoin esté ahora mismo en una burbuja (no que lo sea, sino que lo esté), es muy posible que así sea. Al no existir un referente con el que medir y comparar la evolución del bitcoin (más allá de las monedas tradicionales, manipuladas al extremo por los bancos centrales, apéndices de los gobiernos), es complicado saberlo. Pero en todo caso, si simplemente nos fijamos en la evolución del precio, es difícil no considerar que se encuentre en esa situación.

Cierto que es que, en el caso del bitcoin, del ethereum y del resto de criptomonedas, la consideración de la posibilidad de una burbuja es un tema muy complejo y que tiene mucho que ver con la percepción que tengamos de la tecnología subyacente, el Blockchain, que sin duda va a provocar más cambios en nuestras vidas que el propio internet. La cadena de bloques supone una revolución en los sistemas de confianza tradicionales y, en consecuencia, abarata los costes de las transacciones hasta fracciones de los actuales. Al comprar una casa en España, tenemos la seguridad de que el vendedor la posee en propiedad en las condiciones pactadas porque así lo certifica el Registro de la Propiedad; y es el notario quien da fe de la compraventa, y quien da la orden de llevar a cabo el nuevo asiento en la escritura. Nada impide (salvo el banco, que exigirá la escritura de propiedad como garantía para otorgar la financiación, si este es, como casi siempre ocurre, requerida) que exista un registro alternativo, inviolable, en el que toda modificación sobre la titularidad de la vivienda quede marcada. La cadena de bloques garantiza esa posibilidad, a un coste mínimo en relación con los actuales. Tan importante es esa reducción de costes y esa garantía de inviolabilidad, que los propios bancos están trabajando en sus propios sistemas de Blockchain para facilitar el comercio entre empresas.

Así pues, no es justo acusar al bitcoin de estafa. Su base tecnológica es mucho más sólida que la confianza que mantiene a los bancos centrales. Sin embargo, como siempre ocurre, es necesario mostrarse muy cautos ante inversiones en mercados complejos y poco líquidos.

El Confidencial.

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Por: Juan Manuel López-Zafra

“Money is gold, and nothing else”, John Pierpont (JP) Morgan

P. El control del crédito supone un control del dinero, ¿verdad?

R. ¿Un control del crédito? No.

P. Pero el fundamento de la banca es el crédito, ¿verdad?

R. No siempre; [el crédito] es una prueba del sistema bancario, pero [el crédito] no es dinero en sí mismo. El dinero es oro, y nada más.

La conversación anterior la mantuvieron en 1912 el Sr. Untermyer, jefe de la subcomisión Pujo, creada para investigar la influencia de la banca y del sistema financiero en la economía norteamericana, y el considerado como banquero más importante de todos los tiempos, John Pierpont Morgan,fundador del banco de inversión que lleva su nombre, aunque adosado hoy al de su comprador en 2000, Chase Manhattan. Es precisamente el CEO de la entidad, Jamie Dimon, procedente de la fusión de JP Morgan Chase con el Bank One de Chicago en 2004, quien en las últimas fechas ha salido a la palestra tras declarar que el bitcoin es una estafa, que hace que gente estúpida (aquí citó a su propia hija) se crea con un don especial por obtener rentabilidades altísimas en poco tiempo. Y señaló asimismo que nadie puede crear una moneda de la nada (“out of thin air”), y que el bitcoin solo podía ser deseado por quienes están fuera de la ley, traficando con drogas y con armas.

No voy a cargar las tintas sobre esta última afirmación, porque parecería que el Sr. Dimon ha, por fin, recordado las palabras del creador de su banco, efectuando una enmienda a la totalidad del sistema monetario mundial, y tengo la sensación de que no era su intención. Pero ¿qué otra cosa es el dólar desde que Nixon cerró la ventanilla del oro el 15 de agosto de 1971? ¿Qué es el euro, puesto en circulación a partir de la nada el 1 de enero de 1999? ¿Qué, aparte de la confianza en las autoridades, sustenta el sistema de monedas soberanas en la actualidad? Por otro lado, si una moneda debiese ser juzgada por sus usos delictivos, el dólar norteamericano hace mucho tiempo que debería estaría proscrito, como moneda de referencia (y de preferencia) del crimen organizado.

Tampoco voy a preguntarme si sería posible que el propio JP Morgan Chase del Sr. Dimon (que dijo que despediría a cualquier empleado que tomase posiciones en la citada criptomoneda) estuviese promoviendo lo que él mismo considera una estafa entre sus clientes, al ser su banco el cuarto comprador de bitcoins en el Exchange-Traded Note sueco Bitcoin Tracker One – SEK, tal y como señaló Zero Hedge el pasado 16 de septiembre.

Dejando aparte el juicio moral que la actitud de Dimon pueda suponer, y que cada cual hará según su criterio, me interesa que el lector pueda formarse opinión sobre si realmente el bitcoin es una estafa, si está en una burbuja y si realmente la tecnología subyacente, el Blockchain, tiene o no recorrido.

En cuanto a la primera consideración, la de estafa, no parece que sea el caso, a no ser que consideremos que cualquier activo con capacidad de modificar su valor lo sea. Estafa supondría la existencia de un grupo organizado que estaría manipulando los precios en el mercado para conseguir su beneficio en detrimento de otros. Inversores como Howard Marks consideran en cambio que sí, que se trata de una estafa piramidal comparable con la burbuja de los tulipanes holandesa del s. XVII o la de internet de 1999 (ambas, por otro lado, muy diferentes la una de la otra). Warren Buffet, por su parte, no es tan drástico, pero sí considera que el bitcoin no puede considerarse una moneda, como explica aquí.

No creo que Howards esté en lo cierto, aunque coincido bastante con Buffet, al faltarle, desde mi punto de vista, una característica fundamental para que el bitcoin pueda ser considerado dinero: la reserva de valor. Nada hay detrás de esta criptomoneda salvo un código que garantiza un evolución deflacionaria y limitada a 21 millones de unidades, de las que 16 millones y medio ya estarían en circulación. Claro que ninguna criptomoneda (salvo el Hayek, del que ya hablamos en su día) y, por supuesto, ninguna moneda actual cumple con el requisito de reserva de valor, puesto que las últimas, sin excepción, son todas fiduciarias. Esa ausencia de su esencia lleva a que la deuda pública norteamericana haya alcanzado los 20 billones de dólares (un 20 seguido de 12 ceros, cantidad que pagaría toda la deuda hipotecaria de los norteamericanos y aún sobrarían seis billones) y a que la historia del balance del Banco Central Europeo parezca más una etapa del Tour de Francia que la de un banco central que vela por los intereses de los ciudadanos de la eurozona.

Quitando esa característica, para mí esencial, de la moneda, el bitcoin cumple sin embargo con todos los requisitos para serlo; cómo si no se explicaría la posibilidad, no confirmada pero sí insistente, de que Amazon lo fuese a aceptar como medio de pago en los próximos meses.

En cuanto a que el bitcoin esté ahora mismo en una burbuja (no que lo sea, sino que lo esté), es muy posible que así sea. Al no existir un referente con el que medir y comparar la evolución del bitcoin (más allá de las monedas tradicionales, manipuladas al extremo por los bancos centrales, apéndices de los gobiernos), es complicado saberlo. Pero en todo caso, si simplemente nos fijamos en la evolución del precio, es difícil no considerar que se encuentre en esa situación.

Cierto que es que, en el caso del bitcoin, del ethereum y del resto de criptomonedas, la consideración de la posibilidad de una burbuja es un tema muy complejo y que tiene mucho que ver con la percepción que tengamos de la tecnología subyacente, el Blockchain, que sin duda va a provocar más cambios en nuestras vidas que el propio internet. La cadena de bloques supone una revolución en los sistemas de confianza tradicionales y, en consecuencia, abarata los costes de las transacciones hasta fracciones de los actuales. Al comprar una casa en España, tenemos la seguridad de que el vendedor la posee en propiedad en las condiciones pactadas porque así lo certifica el Registro de la Propiedad; y es el notario quien da fe de la compraventa, y quien da la orden de llevar a cabo el nuevo asiento en la escritura. Nada impide (salvo el banco, que exigirá la escritura de propiedad como garantía para otorgar la financiación, si este es, como casi siempre ocurre, requerida) que exista un registro alternativo, inviolable, en el que toda modificación sobre la titularidad de la vivienda quede marcada. La cadena de bloques garantiza esa posibilidad, a un coste mínimo en relación con los actuales. Tan importante es esa reducción de costes y esa garantía de inviolabilidad, que los propios bancos están trabajando en sus propios sistemas de Blockchain para facilitar el comercio entre empresas.

Así pues, no es justo acusar al bitcoin de estafa. Su base tecnológica es mucho más sólida que la confianza que mantiene a los bancos centrales. Sin embargo, como siempre ocurre, es necesario mostrarse muy cautos ante inversiones en mercados complejos y poco líquidos.

El Confidencial.

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