La iniciativa Vollgeld en Suiza: Acabar con la ‘creación de dinero’

La iniciativa Vollgeld en Suiza: Acabar con la ‘creación de dinero’

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iniciativa Vollgeld

El 10 de junio de vota en Suiza la iniciativa Vollgeld, que pretende impedir la creación de dinero por parte de los bancos privados. Las últimas encuestas dan una ligera ventaja al ‘NO’, que contaría con un 45% frente al 42% que votaría ‘SÍ’. El referéndum está más igualado que hace unos meses y atendiendo a lo ocurrido con otras consultas recientes, los analistas empiezan a temer un desenlace no esperado y, sobre todo, no deseado. Los expertos vaticinan un encarecimiento del crédito para consumidores y pequeñas empresas, junto con un descenso de los intereses para los ahorradores más conservadores.

Al igual que ocurrió con el Brexit, todos los expertos (economistas, analistas, políticos…) y grandes medios están advirtiendo sobre las terribles consecuencias que tendría sobre la economía la implantación de la ‘soberanía monetaria’ que defienden los propulsores de la iniciativa Vollgeld.

El banco ING señala en un documento que “esta iniciativa no ha recibido demasiada atención, sobre todo fuera de Suiza. Esto podría ser porque se está subestimando el impacto de Vollgeld, o porque la posibilidad de que gane el ‘SÍ’ no se está considerando. Esto último podría ser un error”.

A contracorriente

“El referéndum sobre el Brexit nos ha enseñado que cuanto más nos recomiendan los expertos alejarnos de una postura, más personas se inclinan a favor de la misma… como de vio durante la campaña del Brexit, la gente ya ha escuchado demasiado a los expertos”, señala el documento del banco holandés.

Al igual que el Brexit, la victoria de Vollgeld desembocaría en un periodo de incertidumbre: “Esta iniciativa y otras alternativas se han debatido durante décadas, pero nunca se han puesto en marcha… por lo que la transición sería como recorrer un camino inexplorado”.

¿Y si gana Vollgeld?

Esta propuesta pretende que los bancos sigan ofreciendo los mismos servicios, pero que el dinero en las cuentas corrientes no se pueda usar para ‘crear’ más dinero a través del crédito y el multiplicador monetario. Se podría decir que este giro significaría el fin del sistema de reserva fraccionaria en Suiza, que permite a los bancos generar una cantidad de crédito muy superior a la cantidad de reservas que mantienen en el banco central.

Bajo la soberanía monetaria, el dinero de las cuentas corrientes se guardaría en el banco central y no generaría intereses porque estaría completamente libre de riegos. Además tendrían que estar 100% disponibles por si los clientes quieren reclamar su dinero.

Por otro lado, los depósitos a plazo serían considerados activos de riesgos y sí se podrían usar para dar crédito. Esto permitiría que este tipo de activos pagasen intereses. Los bancos también podrían dar crédito usando sus recursos propios y beneficios.

El banco central gana peso

Para que el sistema funcione se necesita mayor presencia y protagonismo del Banco Nacional Suizo (banco central), sería el único responsable de determinar la cantidad de dinero que necesita la economía según su mandato de estabilidad de precios, por lo que tiene control directo sobre el 100% de la oferta monetaria”, comentan los defensores de la soberanía monetaria, también conocida como solución Vollgeld en alemán.

Para que el sistema funcione, se requiere que el banco central sea completamente independiente al estimar la cantidad de dinero necesaria para asegurar la estabilidad de precios y determinar las condiciones de financiación en función de la situación económica. Sería el BNS el que elegiría cuando crear o anotar reservas en las cuentas de los bancos para que estos concediesen el crédito que se demanda, pero nunca una cantidad superior a la cantidad de reservas concedidas.

Los economistas, incluso el presidente del Banco Nacional de Suiza, han advertido de que las consecuencias serían negativas para la economía. Los economistas de ING creen que en un principio se encarecería mucho el coste del crédito y la financiación. “Sin los depósitos a la visa, que forman una parte muy relevante de los balances, los bancos tendría que usar otras fuentes de financiación más caras (depósitos, bonos…)”.

La competencia por conseguir fondos sería intensa, “se incrementarían los costes de financiación lo que se vería reflejado en unos intereses superiores en los préstamos… lo que dañaría sobre todo a los hogares y las pequeñas empresas, que tienen un acceso al crédito más limitado”, aseguran los economistas.

Con la llegada de la normalización monetaria, las cuentas corrientes volverán a ofrecer un rendimiento, que aunque no sea demasiado alto si podría cubrir el incremento del coste de la vida. Sin embargo, bajo Vollgeld los depósitos no sólo no tendrían una remuneración sino que podrían tener costes que asumirán los clientes de los bancos o el banco central o una combinación de las dos. En cualquier caso alguien tendrá que pagarlo.

Por otro lado, los expertos de ING creen que este nuevo sistema no acabaría con las crisis bancarias, puesto que las necesidades de financiación serían cubiertas por otros activos de corto plazo del mercado monetario que pueden generar las mismas crisis que generan los excesos del crédito bancario.

El banco central pasaría a tener un papel mucho más relevante. Si ahora los bancos centrales son los que prenden la mecha del crédito, bajo la iniciativa Vollgeld el funcionamiento sería como el de una economía planificado, un sólo ente público tendría el control directo del 100% de la oferta monetaria, sin contar con los incentivos que dominan las decisiones de los agentes privados.

Por último, este cambio también alteraría la forma de intervenir del Banco Nacional de Suiza en el sistema bancario. En lugar de intervenir a través de los precios (subiendo o bajando los tipos de interés) lo haría a través de la emisión o retirada de reservas, como se hacía en el pasado.

“En definitiva, Vollgeld incrementaría el papel que juega el banco central en una economía, lo que supondría alejar a Suiza del funcionamiento típico de una economía de mercado… y la restricción de la oferta de crédito deprimiría la actividad económica”, sentencian desde ING.

El Economista.

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El 10 de junio de vota en Suiza la iniciativa Vollgeld, que pretende impedir la creación de dinero por parte de los bancos privados. Las últimas encuestas dan una ligera ventaja al ‘NO’, que contaría con un 45% frente al 42% que votaría ‘SÍ’. El referéndum está más igualado que hace unos meses y atendiendo a lo ocurrido con otras consultas recientes, los analistas empiezan a temer un desenlace no esperado y, sobre todo, no deseado. Los expertos vaticinan un encarecimiento del crédito para consumidores y pequeñas empresas, junto con un descenso de los intereses para los ahorradores más conservadores.

Al igual que ocurrió con el Brexit, todos los expertos (economistas, analistas, políticos…) y grandes medios están advirtiendo sobre las terribles consecuencias que tendría sobre la economía la implantación de la ‘soberanía monetaria’ que defienden los propulsores de la iniciativa Vollgeld.

El banco ING señala en un documento que “esta iniciativa no ha recibido demasiada atención, sobre todo fuera de Suiza. Esto podría ser porque se está subestimando el impacto de Vollgeld, o porque la posibilidad de que gane el ‘SÍ’ no se está considerando. Esto último podría ser un error”.

A contracorriente

“El referéndum sobre el Brexit nos ha enseñado que cuanto más nos recomiendan los expertos alejarnos de una postura, más personas se inclinan a favor de la misma… como de vio durante la campaña del Brexit, la gente ya ha escuchado demasiado a los expertos”, señala el documento del banco holandés.

Al igual que el Brexit, la victoria de Vollgeld desembocaría en un periodo de incertidumbre: “Esta iniciativa y otras alternativas se han debatido durante décadas, pero nunca se han puesto en marcha… por lo que la transición sería como recorrer un camino inexplorado”.

¿Y si gana Vollgeld?

Esta propuesta pretende que los bancos sigan ofreciendo los mismos servicios, pero que el dinero en las cuentas corrientes no se pueda usar para ‘crear’ más dinero a través del crédito y el multiplicador monetario. Se podría decir que este giro significaría el fin del sistema de reserva fraccionaria en Suiza, que permite a los bancos generar una cantidad de crédito muy superior a la cantidad de reservas que mantienen en el banco central.

Bajo la soberanía monetaria, el dinero de las cuentas corrientes se guardaría en el banco central y no generaría intereses porque estaría completamente libre de riegos. Además tendrían que estar 100% disponibles por si los clientes quieren reclamar su dinero.

Por otro lado, los depósitos a plazo serían considerados activos de riesgos y sí se podrían usar para dar crédito. Esto permitiría que este tipo de activos pagasen intereses. Los bancos también podrían dar crédito usando sus recursos propios y beneficios.

El banco central gana peso

Para que el sistema funcione se necesita mayor presencia y protagonismo del Banco Nacional Suizo (banco central), sería el único responsable de determinar la cantidad de dinero que necesita la economía según su mandato de estabilidad de precios, por lo que tiene control directo sobre el 100% de la oferta monetaria”, comentan los defensores de la soberanía monetaria, también conocida como solución Vollgeld en alemán.

Para que el sistema funcione, se requiere que el banco central sea completamente independiente al estimar la cantidad de dinero necesaria para asegurar la estabilidad de precios y determinar las condiciones de financiación en función de la situación económica. Sería el BNS el que elegiría cuando crear o anotar reservas en las cuentas de los bancos para que estos concediesen el crédito que se demanda, pero nunca una cantidad superior a la cantidad de reservas concedidas.

Los economistas, incluso el presidente del Banco Nacional de Suiza, han advertido de que las consecuencias serían negativas para la economía. Los economistas de ING creen que en un principio se encarecería mucho el coste del crédito y la financiación. “Sin los depósitos a la visa, que forman una parte muy relevante de los balances, los bancos tendría que usar otras fuentes de financiación más caras (depósitos, bonos…)”.

La competencia por conseguir fondos sería intensa, “se incrementarían los costes de financiación lo que se vería reflejado en unos intereses superiores en los préstamos… lo que dañaría sobre todo a los hogares y las pequeñas empresas, que tienen un acceso al crédito más limitado”, aseguran los economistas.

Con la llegada de la normalización monetaria, las cuentas corrientes volverán a ofrecer un rendimiento, que aunque no sea demasiado alto si podría cubrir el incremento del coste de la vida. Sin embargo, bajo Vollgeld los depósitos no sólo no tendrían una remuneración sino que podrían tener costes que asumirán los clientes de los bancos o el banco central o una combinación de las dos. En cualquier caso alguien tendrá que pagarlo.

Por otro lado, los expertos de ING creen que este nuevo sistema no acabaría con las crisis bancarias, puesto que las necesidades de financiación serían cubiertas por otros activos de corto plazo del mercado monetario que pueden generar las mismas crisis que generan los excesos del crédito bancario.

El banco central pasaría a tener un papel mucho más relevante. Si ahora los bancos centrales son los que prenden la mecha del crédito, bajo la iniciativa Vollgeld el funcionamiento sería como el de una economía planificado, un sólo ente público tendría el control directo del 100% de la oferta monetaria, sin contar con los incentivos que dominan las decisiones de los agentes privados.

Por último, este cambio también alteraría la forma de intervenir del Banco Nacional de Suiza en el sistema bancario. En lugar de intervenir a través de los precios (subiendo o bajando los tipos de interés) lo haría a través de la emisión o retirada de reservas, como se hacía en el pasado.

“En definitiva, Vollgeld incrementaría el papel que juega el banco central en una economía, lo que supondría alejar a Suiza del funcionamiento típico de una economía de mercado… y la restricción de la oferta de crédito deprimiría la actividad económica”, sentencian desde ING.

El Economista.

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