Italia, España y el euro: si es es que no tenemos remedio

Italia, España y el euro: si es es que no tenemos remedio

|
Italia, España y el euro si es es que no tenemos remedio

Por: Víctor Alvargonzález

Llaman la atención los comentarios de muchos analistas patrios diciendo que lo que ocurre en Italia no tiene nada que ver con lo que ocurre en España. Es probable que eso fuera relativamente cierto antes de la moción de censura, pero la cosa cambia cuando esa moción tiene opciones de salir adelante. Y como ven digo “esa” moción, porque una moción dirigida a la convocatoria inmediata de elecciones sería harina de otro costal.

Tiene toda su lógica que, como es el caso, los inversores estén preocupados no sólo con Italia, donde los motivos son obvios, sino que también les preocupe España y, por extensión, la Eurozona. Porque detrás de la crisis italiana y de la moción de censura española hay un denominador común: el temor al incremento del déficit. Los prestamistas internacionales saben que hay dos Europas cada día más diferenciadas. Y que esa diferencia motivó la crisis del euro y será siempre el talón de Aquiles del proyecto europeo. En el fondo lo de “me voy del euro” no deja de ser la fantasmada que dice el que más necesita quedarse, como los italianos y su enorme deuda pública. A mi lo que me preocuparía de verdad es que lo dijeran los alemanes. Pero lo de tirar de gasto publico a falta de mejores ideas va en serio, tanto en Italia como aquí.

En mi opinión, el problema no es tanto una cuestión de una Europa rica frente a una Europa pobre, sino de una Europa a la que no le gustan los excesos con el déficit público y otra que encuentra en el endeudamiento -y los impuestos- la solución a todos sus males. Y, nos guste o no, los inversores que financian esos déficits prefieren que sean manejables. Para muestra, un botón: no están cayendo los bonos europeos, están cayendo los de la periferia. Los bonos alemanes suben y por eso se amplía la prima de riesgo, que es el diferencial de tipos de interés entre lo que pagan los alemanes por endeudarse y lo que pagamos nosotros o los italianos.

Además, ahora hay un elemento adicional muy peligroso. La inestabilidad política que antes se circunscribía a cuestiones económicas tiene ahora nuevos ingredientes y ninguno es bueno. Ahora ya no se trata sólo de la cigarra frente a la hormiga. Ahora se mezclan en toda Europa los populismos, los nacionalismos y todo tipo de “ismos”, incluidos los personalismos y los egoísmos.

Italia nos muestra en toda su crudeza esta nueva variante del problema. No es ya sólo que haya populismos, es que los políticos populistas están haciendo cosas muy peligrosas. La crisis actual empezó cuando los populistas italianos, en un afán irresponsable de salvar la cara frente a su parroquia, filtraron cosas como que querían salir del euro o que iban a exigir que se perdonara un tercio de la deuda pública. Así, para empezar a hablar. Sabían que era ridículo, pero se trataba de jugar duro para luego poder decir que no había sido posible “por culpa de Europa” y tratar de colar una reforma de las pensiones y otra serie de medidas de su programa que aumentarían el déficit, vendiéndolas como un mal menor. El problema es que hay gente que se lo cree y si son inversores van y se asustan.

Ahora ese espantajo lo agitan los enemigos: “habéis dicho que …”, etc., de tal forma que están todos jugando con algo tan serio como la moneda única, que al entrar en un juego deja de ser algo serio. Y una divisa no puede ser de broma. Podemos imaginar la cara de un inversor norteamericano: ¿usan el euro como moneda de cambio en una negociación partidista? ¿Están completamente locos?. Y luego nos extrañamos de que se asusten.

Tampoco es difícil de entender el contagio de Italia a España. Hay que distinguir entre el contagio natural entre países periféricos -que ya es como “de oficio”- y el que viene del miedo a que esta moción de censura que ha lanzado el partido socialista pudiera dar como resultado un gobierno qué tendría que gobernar con el apoyo de un partido populista de extrema izquierda y el apoyo inestable de los partidos independentistas. Visto desde fuera no parece un buen escenario para mantener unas cuentas publicas saneadas ni para la estabilidad política.

Siempre miedo al déficit

Desde el punto de vista del déficit el temor es el mismo que en Italia. Los inversores no entran mucho en ideologías ni sutilezas. Lo que entienden es que esta combinación significa más déficit. El apoyo de Podemos a un gobierno del PSOE pasaría por un fuerte incremento del gasto, al que el propio partido socialista no hace ascos. Y los apoyos nacionalistas siempre tienen un precio. Al final, ese dinero tiene que salir de algún sitio. Y no va a ser de Google, Amazon o Facebook, como dicen algunos ilusos (todavía se oyen las risas desde Silicon Valley).

Al final todo se junta. Podríamos habernos quedado relativamente al margen de lo que ocurre en Italia, pero se lanzó una moción de censura que no digo que no sea totalmente legítima, pero que aporta mucha incertidumbre en un momento muy complicado en Europa. El dinero es miedoso y no va a estar esperando a ver si sale o no. Mejor vender primero y volver luego si la cosa se tranquiliza. ¿Se tranquilizará? Si en caso de que la moción no salga adelante o acabe en una convocatoria inmediata de elecciones que, a tenor de las encuestas, generaría un resultado totalmente diferente al que temen ahora los mercados. En lugar de un gobierno claramente de izquierdas y pro déficit habría probablemente una coalición de centro derecha. Es curioso: si la decisión se toma en los despachos del Congreso, mal asunto para la bolsa y la prima de riesgo. En cambio, si la toman los ciudadanos, el resultado podría ser radicalmente distinto. Para que se diga que no funciona la democracia.

¿E Italia? Por el momento yo creo que hay más teatro que intención real de hacer locuras y dispararse en el pie, aunque es cierto que estas cosas pueden irse de las manos. Lo que es ya una realidad es que se ha cruzado la delgada línea roja y ha entrado el virus de los “ismos” en el cuerpo europeo, un virus que genera sensación de pérdida de realidad, confusión, histeria y, en casos extremos, auténtica locura. Conociendo la historia de Europa, no es de extrañar que los inversores se asusten.

El Confidencial.

Comments

comments

Por: Víctor Alvargonzález

Llaman la atención los comentarios de muchos analistas patrios diciendo que lo que ocurre en Italia no tiene nada que ver con lo que ocurre en España. Es probable que eso fuera relativamente cierto antes de la moción de censura, pero la cosa cambia cuando esa moción tiene opciones de salir adelante. Y como ven digo “esa” moción, porque una moción dirigida a la convocatoria inmediata de elecciones sería harina de otro costal.

Tiene toda su lógica que, como es el caso, los inversores estén preocupados no sólo con Italia, donde los motivos son obvios, sino que también les preocupe España y, por extensión, la Eurozona. Porque detrás de la crisis italiana y de la moción de censura española hay un denominador común: el temor al incremento del déficit. Los prestamistas internacionales saben que hay dos Europas cada día más diferenciadas. Y que esa diferencia motivó la crisis del euro y será siempre el talón de Aquiles del proyecto europeo. En el fondo lo de “me voy del euro” no deja de ser la fantasmada que dice el que más necesita quedarse, como los italianos y su enorme deuda pública. A mi lo que me preocuparía de verdad es que lo dijeran los alemanes. Pero lo de tirar de gasto publico a falta de mejores ideas va en serio, tanto en Italia como aquí.

En mi opinión, el problema no es tanto una cuestión de una Europa rica frente a una Europa pobre, sino de una Europa a la que no le gustan los excesos con el déficit público y otra que encuentra en el endeudamiento -y los impuestos- la solución a todos sus males. Y, nos guste o no, los inversores que financian esos déficits prefieren que sean manejables. Para muestra, un botón: no están cayendo los bonos europeos, están cayendo los de la periferia. Los bonos alemanes suben y por eso se amplía la prima de riesgo, que es el diferencial de tipos de interés entre lo que pagan los alemanes por endeudarse y lo que pagamos nosotros o los italianos.

Además, ahora hay un elemento adicional muy peligroso. La inestabilidad política que antes se circunscribía a cuestiones económicas tiene ahora nuevos ingredientes y ninguno es bueno. Ahora ya no se trata sólo de la cigarra frente a la hormiga. Ahora se mezclan en toda Europa los populismos, los nacionalismos y todo tipo de “ismos”, incluidos los personalismos y los egoísmos.

Italia nos muestra en toda su crudeza esta nueva variante del problema. No es ya sólo que haya populismos, es que los políticos populistas están haciendo cosas muy peligrosas. La crisis actual empezó cuando los populistas italianos, en un afán irresponsable de salvar la cara frente a su parroquia, filtraron cosas como que querían salir del euro o que iban a exigir que se perdonara un tercio de la deuda pública. Así, para empezar a hablar. Sabían que era ridículo, pero se trataba de jugar duro para luego poder decir que no había sido posible “por culpa de Europa” y tratar de colar una reforma de las pensiones y otra serie de medidas de su programa que aumentarían el déficit, vendiéndolas como un mal menor. El problema es que hay gente que se lo cree y si son inversores van y se asustan.

Ahora ese espantajo lo agitan los enemigos: “habéis dicho que …”, etc., de tal forma que están todos jugando con algo tan serio como la moneda única, que al entrar en un juego deja de ser algo serio. Y una divisa no puede ser de broma. Podemos imaginar la cara de un inversor norteamericano: ¿usan el euro como moneda de cambio en una negociación partidista? ¿Están completamente locos?. Y luego nos extrañamos de que se asusten.

Tampoco es difícil de entender el contagio de Italia a España. Hay que distinguir entre el contagio natural entre países periféricos -que ya es como “de oficio”- y el que viene del miedo a que esta moción de censura que ha lanzado el partido socialista pudiera dar como resultado un gobierno qué tendría que gobernar con el apoyo de un partido populista de extrema izquierda y el apoyo inestable de los partidos independentistas. Visto desde fuera no parece un buen escenario para mantener unas cuentas publicas saneadas ni para la estabilidad política.

Siempre miedo al déficit

Desde el punto de vista del déficit el temor es el mismo que en Italia. Los inversores no entran mucho en ideologías ni sutilezas. Lo que entienden es que esta combinación significa más déficit. El apoyo de Podemos a un gobierno del PSOE pasaría por un fuerte incremento del gasto, al que el propio partido socialista no hace ascos. Y los apoyos nacionalistas siempre tienen un precio. Al final, ese dinero tiene que salir de algún sitio. Y no va a ser de Google, Amazon o Facebook, como dicen algunos ilusos (todavía se oyen las risas desde Silicon Valley).

Al final todo se junta. Podríamos habernos quedado relativamente al margen de lo que ocurre en Italia, pero se lanzó una moción de censura que no digo que no sea totalmente legítima, pero que aporta mucha incertidumbre en un momento muy complicado en Europa. El dinero es miedoso y no va a estar esperando a ver si sale o no. Mejor vender primero y volver luego si la cosa se tranquiliza. ¿Se tranquilizará? Si en caso de que la moción no salga adelante o acabe en una convocatoria inmediata de elecciones que, a tenor de las encuestas, generaría un resultado totalmente diferente al que temen ahora los mercados. En lugar de un gobierno claramente de izquierdas y pro déficit habría probablemente una coalición de centro derecha. Es curioso: si la decisión se toma en los despachos del Congreso, mal asunto para la bolsa y la prima de riesgo. En cambio, si la toman los ciudadanos, el resultado podría ser radicalmente distinto. Para que se diga que no funciona la democracia.

¿E Italia? Por el momento yo creo que hay más teatro que intención real de hacer locuras y dispararse en el pie, aunque es cierto que estas cosas pueden irse de las manos. Lo que es ya una realidad es que se ha cruzado la delgada línea roja y ha entrado el virus de los “ismos” en el cuerpo europeo, un virus que genera sensación de pérdida de realidad, confusión, histeria y, en casos extremos, auténtica locura. Conociendo la historia de Europa, no es de extrañar que los inversores se asusten.

El Confidencial.

Comments

comments