Daniel Lacalle: ¿Se ha acabado la crisis?

Daniel Lacalle: ¿Se ha acabado la crisis?

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Lehman Brothers

Por: Daniel Lacalle

“And like the drivin’ rain, like the restless rust, I never sleep” Joe Elliott

Esta semana hemos leído en varios medios de comunicación que Bruselas certificaba “el final de la crisis”. En un comunicado incómodamente triunfalista, se felicita de que Europa ha salido de la crisis y vuelto al crecimiento “gracias a la acción decisiva de la Unión Europea”

¿De verdad? ¿Gracias a “la acción decisiva” “la economía europea está de nuevo en forma”? Es cierto que en el comunicado dice que “todavía queda mucho por hacer para superar el legado de los años de crisis”, pero si algo podemos decir de la crisis europea es que la “decisiva” actuación de la Unión Europea no ha ayudado a salir de la crisis, sino que la ha perpetuado y adormecido.

La economía europea no está “en forma”. Según el Bank of International Settlement, y Merrill Lynch, Europa tiene hoy más empresas zombi que antes de la crisis, el 9% de las grandes empresas no financieras cotizadas se consideran muertos vivientes, es decir, que generan beneficios operativos que no cubren sus costes financieros, a pesar de los tipos a mínimos de la serie histórica y un estímulo monetario sin precedentes.

Y eso son las grandes empresas, donde los resultados empresariales del Eurostoxx siguen por debajo de 2008. Si vamos a las pymes, la Unión Europea tiene mayores ratios de quiebras y pérdidas que en 2008, pero la presión fiscal sobre las empresas ha aumentado.

De hecho, si algo se puede decir del tejido empresarial europeo es que ha sido devastado a impuestos. La Unión Europea ha seguido poniendo trabas a los sectores de alta productividad y sosteniendo a los mal llamados campeones nacionales y zombis, esa enorme cantidad de conglomerados de bajo valor añadido, alta deuda y pobres márgenes. Mientras Estados Unidos veía el despegue astronómico de los gigantes tecnológicos y los beneficios empresariales creciendo doble dígito, aquí les poníamos trabas, y hoy, en el Eurostoxx 100, tenemos la misma colección de dinosaurios que hace una década.

La banca europea, a finales de 2016, mantenía más de 1 billón de euros en préstamos de difícil cobro y esa cifra supone el 5,1% del total de préstamos comparado con un 1,5% en EEUU o Japón. Europa ha ido de crisis financiera en crisis financiera y recientemente hemos tenido nuevos episodios en Italia, España y Portugal.

Esa Unión Europea, que en noviembre de 2008 se vanagloriaba de tener la banca más regulada y más solvente del mundo, ha demostrado ser un monstruo normativo e hiperregulado que no previene nada. Mientras en EEUU los bancos repagaban con intereses el rescate, dejando beneficios al Estado (de más de 15.000 millones de dólares), Europa sigue manteniendo una banca hipertrofiada, estatizada, cuyos activos pesan más del 300% del PIB de la Eurozona, con márgenes bajísimos y completamente subordinada a los poderes públicos mediante una regulación que penaliza el préstamo a empresas privadas con muchos más requisitos de capital y casi ninguno a la financiación pública.

¿Qué decir del empleo y del crecimiento? La Unión Europea “certifica” la salida de la crisis con un desempleo del 9,1%, todo manteniendo a toda costa las rigideces, y una tasa de más del doble que los países con mercados laborales flexibles y entornos empresariales dinámicos, como EEUU o Reino Unido.

¿Y esa acción decisiva qué ha dejado financieramente? Una deuda de casi el 90% del PIB y un crecimiento que, al 1,7% estimado, es casi la mitad del potencial. Muchos culpan a la austeridad.

¿Austeridad? El gran ganador de la crisis en Europa ha sido el sistema burocrático.

Con un gasto público que en media supera el 46% del PIB, casi la mitad de la riqueza anual de la UE, y un déficit anual de más del 1,7% en media, y deuda del 90%, hablar de austeridad es como comer diez kilos de bollos y llamarlo “dieta”.

La carga fiscal, en este periodo, se ha aumentado en toda la UE (con honrosas salvedades, como Irlanda) con una cuña fiscal sobre el trabajador medio del 45% y de las empresas del 40%.

Muchos les dirán que Estados Unidos llevó a cabo políticas de gasto público. Estados Unidos, en el pico de la crisis, gastaba un 43% del PIB (la UE, un 50%) y lo ha bajado al 34%, y eso con el 21% del presupuesto en 2009 dedicado a defensa, el tercer capítulo más voluminoso del presupuesto de EEUU que no ha bajado del 15%.

¿Falta de estímulos? Todo este “éxito” de “actividad decisiva” de la Unión Europea se ha “conseguido” con:

1) Un enorme estímulo en 2008 de “plan para el crecimiento y empleo”. Un estímulo del 1,5% del PIB para crear “millones de empleos en infraestructuras, obra civil, interconexiones y sectores estratégicos”. Llegaban los Reyes Magos del Superestado redentor. Se destruyeron 4,5 millones de empleos y casi se duplicó el déficit. Eso después de que, entre 2001 y 2008, la masa monetaria de la Eurozona se duplicara.

2) Dos enormes programas de recompra de bonos soberanos con Trichet como presidente del BCE, bajadas de tipos del 4,25% al 1% desde 2008. A Trichet algunos le acusan de “crear la crisis” por subir los tipos al 1,5% y “solo” comprar más de 115.000 millones de bonos.

3) Un megaestímulo adicional del BCE, además de los programas de liquidez TLTRO con Draghi que ha llevado a los bonos soberanos a los tipos más bajos de la historia y a comprar casi el 10% de la deuda total de los principales estados. Un estímulo tan excesivo y brutal que, a cierre de este artículo, la liquidez excesiva en el BCE es de 1,7 billones de euros (era de 125.000 millones cuando se lanzó el mal llamado plan de estímulos).

El problema de la Unión Europea nunca ha sido de falta de estímulos, sino de exceso de los mismos. La Unión Europea ha sido un plan de estímulo estatal encadenado tras otro, desde su creación. A medida que se multiplicaba el gasto y la inversión improductiva, la sobrecapacidad se mantenía a niveles del 20% (aún continúa) y los constantes errores de los planes estatales “para crecer” dejaban más impuestos y más escollos a los sectores productivos, y una carga adicional a los ciudadanos. Hasta que llegó la saturación, y estalló.

Echarle la culpa a EEUU y a Lehman, o a lo que quieran, es muy fácil, pero la pregunta es sencilla. Si el problema de la crisis era de los “tontos” de EEUU y la Unión Europea estaba más y mejor regulada que ninguno y más social y controlada que nadie, ¿por qué ha tardado más del doble en salir de la crisis y con menos empleo, menos crecimiento, menos beneficios, más impuestos y más deuda?

La respuesta es evidente. Porque esa “acción decisiva” ha sido decisiva solo para retrasar la salida de la crisis. Igual que las políticas intervencionistas retrasaron la salida de la gran depresión siete años, los enormes escollos burocráticos y fiscales, los incentivos perversos generados por la falacia de los “estabilizadores automáticos” (gastar más), y la falsa austeridad que solo ha sido moderada contención presupuestaria, han prolongado la crisis.

No, la Unión Europea no ha “salido de la crisis”. España tampoco. Hemos salido de la depresión con mucho esfuerzo y con reformas estructurales que nos han ayudado a reducir los desequilibrios, pero el riesgo de caer en los mismos errores que cometimos en 2008 es enorme.

Hay que reconocer algo en el informe de Bruselas. Salimos poco a poco de la crisis de manera más sana, aumentando superávit comercial, exportando y reduciendo desequilibrios. Eso es positivo. Y lo hemos hecho gracias a los ciudadanos y las empresas, a pesar de la “acción decisiva” de la maquinaria burocrática por autoperpetuarse y mantener los excesos a toda costa. Ahora toca devolverle a los ciudadanos y empresas el esfuerzo que han hecho, aumentando la renta disponible, dejando respirar a las pymes y autónomos, bajando impuestos.

Pero no olvidemos. Hubiera sido mucho peor si nos hubiéramos lanzado a la entelequia de gasto y déficit que proponen algunos. Hoy, como nos ocurrió con el “plan de crecimiento” de 2008, estaríamos hundidos.

No caigamos en triunfalismos. Estos resultados con semejante cantidad de estímulos y gasto no son para tirar cohetes. Crecer un 1,7% aumentando el balance del BCE hasta más del 35% del PIB de la eurozona y dejando sobrecapacidad y deuda es peligroso, porque no nos preparamos para la próxima crisis.

Hay mucho más que hacer. Empecemos por dejar de asfixiar al productivo para subvencionar al improductivo. Y la Unión Europea empezará a crecer más cerca de su potencial.

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Por: Daniel Lacalle

“And like the drivin’ rain, like the restless rust, I never sleep” Joe Elliott

Esta semana hemos leído en varios medios de comunicación que Bruselas certificaba “el final de la crisis”. En un comunicado incómodamente triunfalista, se felicita de que Europa ha salido de la crisis y vuelto al crecimiento “gracias a la acción decisiva de la Unión Europea”

¿De verdad? ¿Gracias a “la acción decisiva” “la economía europea está de nuevo en forma”? Es cierto que en el comunicado dice que “todavía queda mucho por hacer para superar el legado de los años de crisis”, pero si algo podemos decir de la crisis europea es que la “decisiva” actuación de la Unión Europea no ha ayudado a salir de la crisis, sino que la ha perpetuado y adormecido.

La economía europea no está “en forma”. Según el Bank of International Settlement, y Merrill Lynch, Europa tiene hoy más empresas zombi que antes de la crisis, el 9% de las grandes empresas no financieras cotizadas se consideran muertos vivientes, es decir, que generan beneficios operativos que no cubren sus costes financieros, a pesar de los tipos a mínimos de la serie histórica y un estímulo monetario sin precedentes.

Y eso son las grandes empresas, donde los resultados empresariales del Eurostoxx siguen por debajo de 2008. Si vamos a las pymes, la Unión Europea tiene mayores ratios de quiebras y pérdidas que en 2008, pero la presión fiscal sobre las empresas ha aumentado.

De hecho, si algo se puede decir del tejido empresarial europeo es que ha sido devastado a impuestos. La Unión Europea ha seguido poniendo trabas a los sectores de alta productividad y sosteniendo a los mal llamados campeones nacionales y zombis, esa enorme cantidad de conglomerados de bajo valor añadido, alta deuda y pobres márgenes. Mientras Estados Unidos veía el despegue astronómico de los gigantes tecnológicos y los beneficios empresariales creciendo doble dígito, aquí les poníamos trabas, y hoy, en el Eurostoxx 100, tenemos la misma colección de dinosaurios que hace una década.

La banca europea, a finales de 2016, mantenía más de 1 billón de euros en préstamos de difícil cobro y esa cifra supone el 5,1% del total de préstamos comparado con un 1,5% en EEUU o Japón. Europa ha ido de crisis financiera en crisis financiera y recientemente hemos tenido nuevos episodios en Italia, España y Portugal.

Esa Unión Europea, que en noviembre de 2008 se vanagloriaba de tener la banca más regulada y más solvente del mundo, ha demostrado ser un monstruo normativo e hiperregulado que no previene nada. Mientras en EEUU los bancos repagaban con intereses el rescate, dejando beneficios al Estado (de más de 15.000 millones de dólares), Europa sigue manteniendo una banca hipertrofiada, estatizada, cuyos activos pesan más del 300% del PIB de la Eurozona, con márgenes bajísimos y completamente subordinada a los poderes públicos mediante una regulación que penaliza el préstamo a empresas privadas con muchos más requisitos de capital y casi ninguno a la financiación pública.

¿Qué decir del empleo y del crecimiento? La Unión Europea “certifica” la salida de la crisis con un desempleo del 9,1%, todo manteniendo a toda costa las rigideces, y una tasa de más del doble que los países con mercados laborales flexibles y entornos empresariales dinámicos, como EEUU o Reino Unido.

¿Y esa acción decisiva qué ha dejado financieramente? Una deuda de casi el 90% del PIB y un crecimiento que, al 1,7% estimado, es casi la mitad del potencial. Muchos culpan a la austeridad.

¿Austeridad? El gran ganador de la crisis en Europa ha sido el sistema burocrático.

Con un gasto público que en media supera el 46% del PIB, casi la mitad de la riqueza anual de la UE, y un déficit anual de más del 1,7% en media, y deuda del 90%, hablar de austeridad es como comer diez kilos de bollos y llamarlo “dieta”.

La carga fiscal, en este periodo, se ha aumentado en toda la UE (con honrosas salvedades, como Irlanda) con una cuña fiscal sobre el trabajador medio del 45% y de las empresas del 40%.

Muchos les dirán que Estados Unidos llevó a cabo políticas de gasto público. Estados Unidos, en el pico de la crisis, gastaba un 43% del PIB (la UE, un 50%) y lo ha bajado al 34%, y eso con el 21% del presupuesto en 2009 dedicado a defensa, el tercer capítulo más voluminoso del presupuesto de EEUU que no ha bajado del 15%.

¿Falta de estímulos? Todo este “éxito” de “actividad decisiva” de la Unión Europea se ha “conseguido” con:

1) Un enorme estímulo en 2008 de “plan para el crecimiento y empleo”. Un estímulo del 1,5% del PIB para crear “millones de empleos en infraestructuras, obra civil, interconexiones y sectores estratégicos”. Llegaban los Reyes Magos del Superestado redentor. Se destruyeron 4,5 millones de empleos y casi se duplicó el déficit. Eso después de que, entre 2001 y 2008, la masa monetaria de la Eurozona se duplicara.

2) Dos enormes programas de recompra de bonos soberanos con Trichet como presidente del BCE, bajadas de tipos del 4,25% al 1% desde 2008. A Trichet algunos le acusan de “crear la crisis” por subir los tipos al 1,5% y “solo” comprar más de 115.000 millones de bonos.

3) Un megaestímulo adicional del BCE, además de los programas de liquidez TLTRO con Draghi que ha llevado a los bonos soberanos a los tipos más bajos de la historia y a comprar casi el 10% de la deuda total de los principales estados. Un estímulo tan excesivo y brutal que, a cierre de este artículo, la liquidez excesiva en el BCE es de 1,7 billones de euros (era de 125.000 millones cuando se lanzó el mal llamado plan de estímulos).

El problema de la Unión Europea nunca ha sido de falta de estímulos, sino de exceso de los mismos. La Unión Europea ha sido un plan de estímulo estatal encadenado tras otro, desde su creación. A medida que se multiplicaba el gasto y la inversión improductiva, la sobrecapacidad se mantenía a niveles del 20% (aún continúa) y los constantes errores de los planes estatales “para crecer” dejaban más impuestos y más escollos a los sectores productivos, y una carga adicional a los ciudadanos. Hasta que llegó la saturación, y estalló.

Echarle la culpa a EEUU y a Lehman, o a lo que quieran, es muy fácil, pero la pregunta es sencilla. Si el problema de la crisis era de los “tontos” de EEUU y la Unión Europea estaba más y mejor regulada que ninguno y más social y controlada que nadie, ¿por qué ha tardado más del doble en salir de la crisis y con menos empleo, menos crecimiento, menos beneficios, más impuestos y más deuda?

La respuesta es evidente. Porque esa “acción decisiva” ha sido decisiva solo para retrasar la salida de la crisis. Igual que las políticas intervencionistas retrasaron la salida de la gran depresión siete años, los enormes escollos burocráticos y fiscales, los incentivos perversos generados por la falacia de los “estabilizadores automáticos” (gastar más), y la falsa austeridad que solo ha sido moderada contención presupuestaria, han prolongado la crisis.

No, la Unión Europea no ha “salido de la crisis”. España tampoco. Hemos salido de la depresión con mucho esfuerzo y con reformas estructurales que nos han ayudado a reducir los desequilibrios, pero el riesgo de caer en los mismos errores que cometimos en 2008 es enorme.

Hay que reconocer algo en el informe de Bruselas. Salimos poco a poco de la crisis de manera más sana, aumentando superávit comercial, exportando y reduciendo desequilibrios. Eso es positivo. Y lo hemos hecho gracias a los ciudadanos y las empresas, a pesar de la “acción decisiva” de la maquinaria burocrática por autoperpetuarse y mantener los excesos a toda costa. Ahora toca devolverle a los ciudadanos y empresas el esfuerzo que han hecho, aumentando la renta disponible, dejando respirar a las pymes y autónomos, bajando impuestos.

Pero no olvidemos. Hubiera sido mucho peor si nos hubiéramos lanzado a la entelequia de gasto y déficit que proponen algunos. Hoy, como nos ocurrió con el “plan de crecimiento” de 2008, estaríamos hundidos.

No caigamos en triunfalismos. Estos resultados con semejante cantidad de estímulos y gasto no son para tirar cohetes. Crecer un 1,7% aumentando el balance del BCE hasta más del 35% del PIB de la eurozona y dejando sobrecapacidad y deuda es peligroso, porque no nos preparamos para la próxima crisis.

Hay mucho más que hacer. Empecemos por dejar de asfixiar al productivo para subvencionar al improductivo. Y la Unión Europea empezará a crecer más cerca de su potencial.

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