Chile: La llegada de inmigrantes favorece el progreso

Por: Hernán Büchi

En los últimos días hemos conocido proyecciones de corto plazo más optimistas sobre el crecimiento económico en Chile y EE.UU. Por la relevancia de este último, ello también garantiza un mejor desempeño de la economía global. Sin embargo, para ambos se mantiene la duda si también significará un mejor desempeño en el largo plazo.

Luego de la última reunión de la Reserva Federal Americana, a fines de septiembre, se han destacado las proyecciones de un crecimiento del 3,1%, 2,5% y 2% para este y los próximos dos años. Ello en un contexto de una inflación cercana al 2% para el período y un desempleo menor al 4%. El alza a 2,25% de la tasa de referencia del Fed y la indicación que ello se acompañaría con nuevas alzas a futuro, conjuntamente con la normalización paulatina del abultado balance del Fed, se presentan como las medidas necesarias para mantener este equilibrio virtuoso que no se veía desde hace mucho tiempo.

¿Significa esto dejar atrás los pronósticos de estancamiento que indicaban que el crecimiento estaría apenas sobre el 1,5%? Al menos la misma Fed no canta victoria, manteniendo una proyección de largo plazo de 1,8%, y varios economistas siguen visualizando un futuro mediocre.

Lo anterior, porque la productividad aún no repunta y no se convencen de que se consolide un nuevo dinamismo de la inversión. Además, destacan que EE.UU. vive un proceso de envejecimiento de su población, que unido a la falta de aumentos en la productividad augura que el elevado crecimiento actual no es sostenible.

Pero una visión más optimista es perfectamente posible. Primero, porque el gobierno de dicho país ha realizado cambios importantes que facilitan la inversión y el mejor uso de los recursos. Los cambios tributarios de fines del año pasado son sustancialmente más favorables para el que decide ahorrar e invertir, y las cifras de aumento de gasto en bienes de capital ya insinúan una nueva tendencia. Aunque sin el dramatismo de una única reforma, también hay avances regulatorios en todas las áreas —sea en el orden laboral, ambiental, financiero, etc.—, que facilitan invertir, lo que deberá redundar en mayor productividad.

A modo de ejemplo, la preocupación por facilitar el desarrollo de la tecnología inalámbrica 5G, que podría ser hasta 100 veces más rápida que lo que hoy conocemos, requiere una gran densidad de antenas. Las autoridades han excluido la instalación de antenas de ciertos permisos ambientales y están impidiendo que las municipalidades cobren cifras desmedidas si se localizan en espacios públicos. Parece un tema menor, pero si se extiende a todas las áreas en miles de detalles, su impacto puede ser muy favorable.

En segundo lugar, si bien es efectivo que la población estadounidense está envejeciendo, está muy lejos de las críticas situaciones de algunos países europeos. A pesar de la retórica del Presidente Donald Trump, es probable que la inmigración siga jugando un rol y contrarreste esa tendencia. El fenómeno económico más notable del último cuarto del siglo pasado fue la incorporación de cientos de millones de personas a la economía moderna, lo que no se realizó a través de personas cruzando fronteras, sino por medio de la creación de cadenas de producción que aprovecharon la apertura económica de China y su gran población.

De nuevo pareciera que la actitud combativa de Trump impedirá que ello se siga produciendo, ahora con los cientos de millones de seres humanos que quedan por incorporar en India, el resto de Asia y África. Pero si bien no vemos al país del norte como líder de la integración, por su compromiso con la libertad individual, seguirá siendo un país abierto, más que ninguna otra gran economía, con una tasa tarifaria promedio cercana al 3%, aun después de las recientes alzas de aranceles, por lo que no se justifica demasiado pesimismo.

El acuerdo de un nuevo NAFTA y las negociaciones con la Unión Europea y Japón indican que no se llegará a extremos. Todos coinciden que China no debiera darse ciertas licencias que son demasiado frecuentes. Exige a los que quieren invertir que entreguen su tecnología o no respeta la propiedad intelectual. Mantiene trabas discrecionales al comercio e impone soberanía a la fuerza en el llamado Mar de China. Sin embargo, la manera en que EE.UU. pretende evitar estas conductas, vía guerra arancelaria, convence a muy pocos. Con los demás frentes de discusión comercial mejor encaminados, debiéramos esperar una estrategia conjunta más efectiva para encauzar de mejor forma a China en la economía mundial.

En Chile, tanto el Banco Central en el IPoM reciente y el Ministerio de Hacienda están más optimistas sobre el crecimiento de corto plazo. El ministerio proyecta un 4,1% y un 3,8% para este y el próximo año, y el Banco Central elevó el rango a un 4,0-4,5% y a 3,75-4,25, respectivamente. Nadie discute que la inflación estará en el rango deseado. Desgraciadamente, el desempleo no cede, pero un mejor análisis del fenómeno migratorio reciente indica que la creación de empleo es más dinámica que lo que aparenta.

Tal como en el caso estadounidense, existen dudas de si lo que vemos hoy es un salto permanente o un repunte, luego de cuatro años de estancamiento. El Banco Central estima el PIB potencial no minero en una cifra levemente superior al 3%, lo que también está relacionado con la evolución de la productividad y el envejecimiento de la población.

A pesar de la voluntad de la autoridad de favorecer la inversión y la productividad, sus decisiones han sido mucho menos contundentes que las del país del norte. La propuesta tributaria, en muchos aspectos una mejora, dista de ser profunda. Su disposición a cambios regulatorios no se compara a la del gobierno de EE.UU., más dispuesto a soportar un mayor desgaste político. Si bien se ha revisado el crecimiento de la inversión de 4,5 a 5%, es modesto desde la perspectiva de una inversión que cayó cuatro años seguidos.

La tasa de fecundidad del país está en un promedio de 1,8 hijos por mujer, por debajo del 2,1 que garantiza que la población no disminuya. La inmigración reciente, que fue explosiva en los dos últimos años, es una buena noticia en términos de disponibilidad de mano de obra y de progreso futuro. Si un gobierno provoca una corriente migratoria, en que los que llegan buscan una vida más fácil en base a apoyo estatal, es dudoso que su economía se beneficie. Si llegan personas con deseos de trabajar —independientemente de su nivel educacional— y son absorbidos voluntariamente por las empresas y las familias, no solo se beneficiarán quienes buscan en nuestro país mayor prosperidad, sino también nuestra nación, especialmente si su población está envejeciendo.

Esto último es lo que parece haber acontecido mayoritariamente en Chile. A falta de datos oficiales de inmigración, el Censo, la Casen y la Dirección de Extranjería aportan información, la que fue utilizada por el Banco Central en una síntesis reciente. Aparentemente, entre diciembre de 2015 y diciembre de 2017 ingresaron 700 mil extranjeros y su participación dentro de la población total varió de 2,9% a 5,9%. Un cambio explosivo. Aquellos que tienen entre 25 y 50 años representan el 60%, mientras ese grupo etario es solo el 35% de la población global y ello es favorable para la fuerza de trabajo. Un 12% de los chilenos tienen más de 65 años y solo un 4% dentro de los recién llegados. Su nivel de educación superior es algo mayor que el promedio del país, 36% versus 31%, siendo más del 60% entre venezolanos, americanos y españoles. A su vez, menos del 10% tiene esa educación entre bolivianos, haitianos y peruanos. Sin embargo, la gran mayoría de ellos busca trabajar y superarse. Más del 80% está en la fuerza de trabajo, mientras solo el 60% de los chilenos lo está.

Las nuevas proyecciones de crecimiento son una buena noticia. Sin embargo, si en el corto plazo aquello se transformará en un nuevo ciclo virtuoso de progreso, es una historia que se está recién escribiendo. La inmigración, con las dificultades propias que pueda significar la absorción de nuevas culturas, es un fenómeno favorable para ese objetivo, lo que redunda en pos del país y de sus habitantes, nacionales e inmigrantes.

El Mercurio.

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