Bolivia: Nueva certificación de reservas

Bolivia: Nueva certificación de reservas

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bolivia nueva certificacion de reservas

Por: Hugo del Granado

El pasado 2 de febrero YPFB adjudicó la certificación de reservas por un monto de 750 mil dólares a la empresa canadiense Sproule con plazo de 60 días para presentar un informe preliminar y de 90 días para el informe final; estos plazos que se computan a partir de la orden de proceder. En el cronograma existen 15 días adicionales para la revisión del informe, la presentación del informe subsanado y la aprobación por parte de YPFB.

Suponiendo (al no existir información disponible) que la orden de proceder fue emitida a fines de febrero, la certificadora habría presentado su informe preliminar en abril pasado y el informe final debería estar aprobado a finales de junio. Es importante hacer notar esto porque en 2009, cuando Ryder Scott (otra empresa canadiense que hizo la certificación) presentó su informe preliminar, en el que certificó un volumen de reservas probadas de 8,35 TCF’s, YPFB hizo público el informe final ocho meses después de haber sido presentado por la empresa, con correcciones y enmiendas, incrementando sorpresivamente las reservas a 9,94 TCF’s, es decir, con una subida del 19%.

Este significativo cambio mostraba la ductilidad con la que estas empresas se pueden adaptar a los deseos de su contratante.

Anteriormente, se hizo notar el vacío que existe en la regulación boliviana, no sólo para normar el trabajo de las certificadoras contratadas, sino para que su trabajo sea transparente y no manipulable. Las directrices deben ser claras y precisas, uniformando los informes y los proyectos de desarrollo de las petroleras, se debería seguir una metodología internacional, como la de Petroleum Resources Management Systems, (PRMS, por sus siglas en inglés, que es tomada como referencia por todos los países petroleros del mundo y por la SEC de Estados Unidos) y se debería capacitar a auditores nacionales de reservas, con el objeto de tener una opinión propia sobre el trabajo de las petroleras y de la certificadora misma.

Los Términos de Referencias (TdR’s) elaborados para el trabajo de certificación de Sproule  se basan en la información que les proporciona YPFB que, a su vez, le es proporcionada por las petroleras. No contemplan ningún trabajo de campo.

En el caso de Sproule, el alcance de su trabajo está limitado básicamente a la revisión y validación de los distintos procedimientos exploratorios seguidos por las contratistas, incluso los de adquisición e interpretación de líneas sísmicas que fueron compradas por YPFB o por las petroleras.

Entre éstos se puede anotar la revisión de pruebas y de diferentes modelos, sean geomecánicos, sedimentológicos, estratigráficos o económicos y la validación de parámetros físicos de las rocas y de los fluidos. El aporte propio de la certificadora se reduce a la justificación del espaciamiento entre pozos y a la elaboración de planos de los reservorios.

Respecto a la cuantificación y certificación propiamente dichas, los TdR’s disponen que la evaluación de reservas se deberá hacer aplicando los “métodos más avanzados actualmente conocidos en la industria petrolera (…)” y que la determinación de los factores de recuperación de gas y de líquidos “se efectuará empleando los mejores métodos que reflejen los mecanismos de producción (…)”.  Esto quiere decir que se deja en libertad a la certificadora para que seleccione los métodos de certificación que considere “como los mejores y más modernos”, sin que YPFB se involucre más  o conozca previamente cuál es el “moderno método” escogido por la certificadora. Ésta es una muestra de la pobre capacidad y conocimiento en la materia por parte del contratante.

La laxitud de los TdR’s se agudiza cuando recomienda a la certificadora que considere las definiciones de recursos y reservas del Sistema de Gestión de Recursos Petrolíferos, refiriéndose al documento PRMS citado líneas arriba. Los TdR’s deberían ser taxativos expresando que la certificadora debe utilizar obligatoriamente en su trabajo las definiciones y las directrices establecidas para la aplicación del PRMS.

El PRMS considera que el proyecto de desarrollo de cada reservorio es un elemento central para determinar la clasificación de las reservas y su grado de maduración porque es el que genera los programas de producción, los flujos de caja; define la estimación de los volúmenes recuperables y es el nexo entre el reservorio  y la toma de decisiones para su desarrollo. Sin embargo de lo anterior, en los TdR’s citados no existe mención a dichos proyectos, no contempla su análisis ni evaluación. Certificar reservas sin hacer la evaluación de los proyectos de desarrollo es caminar a ciegas.

Dada la libertad concedida a la certificadora por los TdR’s, se podría concluir que el resultado de la certificación será un enigma antes que una certidumbre.

Página Siete.

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Por: Hugo del Granado

El pasado 2 de febrero YPFB adjudicó la certificación de reservas por un monto de 750 mil dólares a la empresa canadiense Sproule con plazo de 60 días para presentar un informe preliminar y de 90 días para el informe final; estos plazos que se computan a partir de la orden de proceder. En el cronograma existen 15 días adicionales para la revisión del informe, la presentación del informe subsanado y la aprobación por parte de YPFB.

Suponiendo (al no existir información disponible) que la orden de proceder fue emitida a fines de febrero, la certificadora habría presentado su informe preliminar en abril pasado y el informe final debería estar aprobado a finales de junio. Es importante hacer notar esto porque en 2009, cuando Ryder Scott (otra empresa canadiense que hizo la certificación) presentó su informe preliminar, en el que certificó un volumen de reservas probadas de 8,35 TCF’s, YPFB hizo público el informe final ocho meses después de haber sido presentado por la empresa, con correcciones y enmiendas, incrementando sorpresivamente las reservas a 9,94 TCF’s, es decir, con una subida del 19%.

Este significativo cambio mostraba la ductilidad con la que estas empresas se pueden adaptar a los deseos de su contratante.

Anteriormente, se hizo notar el vacío que existe en la regulación boliviana, no sólo para normar el trabajo de las certificadoras contratadas, sino para que su trabajo sea transparente y no manipulable. Las directrices deben ser claras y precisas, uniformando los informes y los proyectos de desarrollo de las petroleras, se debería seguir una metodología internacional, como la de Petroleum Resources Management Systems, (PRMS, por sus siglas en inglés, que es tomada como referencia por todos los países petroleros del mundo y por la SEC de Estados Unidos) y se debería capacitar a auditores nacionales de reservas, con el objeto de tener una opinión propia sobre el trabajo de las petroleras y de la certificadora misma.

Los Términos de Referencias (TdR’s) elaborados para el trabajo de certificación de Sproule  se basan en la información que les proporciona YPFB que, a su vez, le es proporcionada por las petroleras. No contemplan ningún trabajo de campo.

En el caso de Sproule, el alcance de su trabajo está limitado básicamente a la revisión y validación de los distintos procedimientos exploratorios seguidos por las contratistas, incluso los de adquisición e interpretación de líneas sísmicas que fueron compradas por YPFB o por las petroleras.

Entre éstos se puede anotar la revisión de pruebas y de diferentes modelos, sean geomecánicos, sedimentológicos, estratigráficos o económicos y la validación de parámetros físicos de las rocas y de los fluidos. El aporte propio de la certificadora se reduce a la justificación del espaciamiento entre pozos y a la elaboración de planos de los reservorios.

Respecto a la cuantificación y certificación propiamente dichas, los TdR’s disponen que la evaluación de reservas se deberá hacer aplicando los “métodos más avanzados actualmente conocidos en la industria petrolera (…)” y que la determinación de los factores de recuperación de gas y de líquidos “se efectuará empleando los mejores métodos que reflejen los mecanismos de producción (…)”.  Esto quiere decir que se deja en libertad a la certificadora para que seleccione los métodos de certificación que considere “como los mejores y más modernos”, sin que YPFB se involucre más  o conozca previamente cuál es el “moderno método” escogido por la certificadora. Ésta es una muestra de la pobre capacidad y conocimiento en la materia por parte del contratante.

La laxitud de los TdR’s se agudiza cuando recomienda a la certificadora que considere las definiciones de recursos y reservas del Sistema de Gestión de Recursos Petrolíferos, refiriéndose al documento PRMS citado líneas arriba. Los TdR’s deberían ser taxativos expresando que la certificadora debe utilizar obligatoriamente en su trabajo las definiciones y las directrices establecidas para la aplicación del PRMS.

El PRMS considera que el proyecto de desarrollo de cada reservorio es un elemento central para determinar la clasificación de las reservas y su grado de maduración porque es el que genera los programas de producción, los flujos de caja; define la estimación de los volúmenes recuperables y es el nexo entre el reservorio  y la toma de decisiones para su desarrollo. Sin embargo de lo anterior, en los TdR’s citados no existe mención a dichos proyectos, no contempla su análisis ni evaluación. Certificar reservas sin hacer la evaluación de los proyectos de desarrollo es caminar a ciegas.

Dada la libertad concedida a la certificadora por los TdR’s, se podría concluir que el resultado de la certificación será un enigma antes que una certidumbre.

Página Siete.

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