Bolivia: El pos Evismo

Bolivia: El pos Evismo

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Bolivia

Por: Juan Anotnio Morales

Los resultados del referendo del 21 de febrero de 2016, así como las multitudinarias manifestaciones de este año contra la intención de desconocer el voto popular hacen vislumbrar un cambio de gobierno para el 2020 y el final de uno más de los ciclos estatistas.

Desde mediados del ciclo pasado los ciclos estatistas no han permitido un sector privado vigoroso y autónomo. Como consecuencia, ha aumentado la brecha del ingreso per cápita con relación al de nuestros vecinos. Uno de los argumentos empleados por el MAS para quedarse es que cumpliría con la (de nuevo) estatista Agenda Patriótica 2025, que no es sino un catálogo de buenas intenciones y cuya ejecución depende de la obtención de voluminosos créditos externos.

No creo que la Agenda 2025, como está, sea presentable en los mercados internacionales de capital.

Les corresponderá a los partidos políticos, a las asociaciones ciudadanas, a las universidades y a los gremios profesionales presentar alternativas a lo que ha estado sucediendo. Las líneas que siguen no tienen otro propósito que el de contribuir a la lluvia de ideas.

A no ser que el gobierno del presidente Morales enderece el rumbo, lo que parece poco probable, habrá dejado al país sin instituciones, o mejor dicho, con instituciones (entendidas como las reglas del juego) que no conducen al crecimiento sostenido ni mejoran el bienestar de los bolivianos, ni tampoco mejoran la distribución del ingreso de manera duradera. La bonanza exportadora no ha sido aprovechada y no ha habido una gestión competente ni prudente de los ingentes ingresos que el país recibió entre los años 2006-2013.

El leitmotiv del doctor Paz Estenssoro de la restauración de la majestad del Estado sigue teniendo pertinencia. Hay que pensar en un Estado fuerte, lo que por cierto no es neoliberal, con servidores públicos idóneos. Estado fuerte no quiere decir estatismo, sino más bien un Estado sometido a la ley y que no ha sido capturado por grupos de intereses particulares.

Se ha avanzado muy poco en la diversificación de la economía y seguimos tan dependientes de la explotación de recursos naturales como al principio del siglo XX. Una primera tarea para la fase pos Evo sería la de buscar la combinación de tipo de cambio, aranceles e impuestos internos que permitan una mayor diversificación y la formación de un tejido industrial denso. La investigación agrícola, el acceso al crédito en condiciones razonables y mecanismos eficientes de comercialización pueden darle el impulso requerido a la agricultura.

La diversificación económica, para un crecimiento sólido y equitativo, necesita complementarse con el fortalecimiento institucional. Educación, salud y justicia deberán merecer el máximo de atención. En educación no basta con ampliar la cobertura, sino que también se le debe prestar atención a la calidad. Los progresos en educación deben medirse por resultados, como los de los test PISA, más que por los recursos insumidos.

La atención de salud tiene que tomar en cuenta los importantes cambios demográficos ocurridos en el país, lo que implica que hay que asignar recursos, no sólo a la atención primaria de salud, sino también para el tratamiento de enfermedades crónicas. Esos tratamientos suelen ser muy costosos y las modalidades de financiamiento de la salud necesitan ser bien maduradas.

Es en la justicia donde se han presentado las mayores falencias institucionales, que cualquier gobierno sensato deberá remediar. Hay problemas con los operadores de justicia, así mismo con la mal pensada y peor redactada legislación, que nos aparta de las mejores prácticas internacionales, y de los convenios de derechos humanos que el país ha firmado. La independencia de poderes tiene que ser respetada y no puede ser sustituida con coordinaciones espurias.

La inserción internacional del país es fundamental y debemos abandonar nuestro aislamiento. Con la integración regional podremos gambetear a las tendencias nacionalistas que se están presentando en el mundo de la era Trump.

Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente
del Banco Central de Bolivia.

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Por: Juan Anotnio Morales

Los resultados del referendo del 21 de febrero de 2016, así como las multitudinarias manifestaciones de este año contra la intención de desconocer el voto popular hacen vislumbrar un cambio de gobierno para el 2020 y el final de uno más de los ciclos estatistas.

Desde mediados del ciclo pasado los ciclos estatistas no han permitido un sector privado vigoroso y autónomo. Como consecuencia, ha aumentado la brecha del ingreso per cápita con relación al de nuestros vecinos. Uno de los argumentos empleados por el MAS para quedarse es que cumpliría con la (de nuevo) estatista Agenda Patriótica 2025, que no es sino un catálogo de buenas intenciones y cuya ejecución depende de la obtención de voluminosos créditos externos.

No creo que la Agenda 2025, como está, sea presentable en los mercados internacionales de capital.

Les corresponderá a los partidos políticos, a las asociaciones ciudadanas, a las universidades y a los gremios profesionales presentar alternativas a lo que ha estado sucediendo. Las líneas que siguen no tienen otro propósito que el de contribuir a la lluvia de ideas.

A no ser que el gobierno del presidente Morales enderece el rumbo, lo que parece poco probable, habrá dejado al país sin instituciones, o mejor dicho, con instituciones (entendidas como las reglas del juego) que no conducen al crecimiento sostenido ni mejoran el bienestar de los bolivianos, ni tampoco mejoran la distribución del ingreso de manera duradera. La bonanza exportadora no ha sido aprovechada y no ha habido una gestión competente ni prudente de los ingentes ingresos que el país recibió entre los años 2006-2013.

El leitmotiv del doctor Paz Estenssoro de la restauración de la majestad del Estado sigue teniendo pertinencia. Hay que pensar en un Estado fuerte, lo que por cierto no es neoliberal, con servidores públicos idóneos. Estado fuerte no quiere decir estatismo, sino más bien un Estado sometido a la ley y que no ha sido capturado por grupos de intereses particulares.

Se ha avanzado muy poco en la diversificación de la economía y seguimos tan dependientes de la explotación de recursos naturales como al principio del siglo XX. Una primera tarea para la fase pos Evo sería la de buscar la combinación de tipo de cambio, aranceles e impuestos internos que permitan una mayor diversificación y la formación de un tejido industrial denso. La investigación agrícola, el acceso al crédito en condiciones razonables y mecanismos eficientes de comercialización pueden darle el impulso requerido a la agricultura.

La diversificación económica, para un crecimiento sólido y equitativo, necesita complementarse con el fortalecimiento institucional. Educación, salud y justicia deberán merecer el máximo de atención. En educación no basta con ampliar la cobertura, sino que también se le debe prestar atención a la calidad. Los progresos en educación deben medirse por resultados, como los de los test PISA, más que por los recursos insumidos.

La atención de salud tiene que tomar en cuenta los importantes cambios demográficos ocurridos en el país, lo que implica que hay que asignar recursos, no sólo a la atención primaria de salud, sino también para el tratamiento de enfermedades crónicas. Esos tratamientos suelen ser muy costosos y las modalidades de financiamiento de la salud necesitan ser bien maduradas.

Es en la justicia donde se han presentado las mayores falencias institucionales, que cualquier gobierno sensato deberá remediar. Hay problemas con los operadores de justicia, así mismo con la mal pensada y peor redactada legislación, que nos aparta de las mejores prácticas internacionales, y de los convenios de derechos humanos que el país ha firmado. La independencia de poderes tiene que ser respetada y no puede ser sustituida con coordinaciones espurias.

La inserción internacional del país es fundamental y debemos abandonar nuestro aislamiento. Con la integración regional podremos gambetear a las tendencias nacionalistas que se están presentando en el mundo de la era Trump.

Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente
del Banco Central de Bolivia.

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