Bolivia: Del no-gasolinazo a la no-devaluación

Bolivia: Del no-gasolinazo a la no-devaluación

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BCB

Por: Mauricio Ríos García

Hace ya más de año que, a medida que el agravamiento de las condiciones para la inversión de largo plazo en Bolivia se agravan, cada viernes por la mañana envío un newsletter de análisis de coyuntura y oportunidades de inversión en el exterior a mis clientes y demás suscriptores. Ya sobre el cierre de la del viernes 24 de noviembre, alcancé a decir algo muy breve:

A inicios de noviembre de 2017 las Reservas Internacionales Netas de Bolivia cayeron por debajo del soporte de los $10.000 millones. Sin embargo, hoy registran un incremento hasta los $10.631 millones gracias al traspaso de $647 millones del Fondo de Protección al Ahorrista. En lo contable esto es un simple artilugio. ¿En lo legal también? Por favor, que alguien les explique que el problema de sostener el tipo de cambio no es contable.

Tan sólo cuatro días más tarde, Óscar Ortíz, Senador opositor por Santa Cruz, se percató del hecho y lo denunció exigiendo un informe oral.

La denuncia no causó el impacto ni la reacción de acuerdo a la magnitud del problema, entre otros aspectos, porque se cruzó con el anuncio del fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional que habilita a Morales a repostular su candidatura en 2019, pero cuando lo hizo más de 24 horas más tarde, los seguidores de la tan antigua como errada teoría del inflacionismo, se escandalizaron diciendo que el Banco Central de Bolivia imprimió bolivianos contra lo que se quedó del Fondo de Protección al Ahorrista, y que, por tanto, no tienen derecho de atentar contra la seguridad de los ahorristas de esta forma, porque así están inflando reservas, y además con recursos ajenos.

Tienen razón, aunque la gran pregunta es de qué se escandalizan, si a fin de cuentas ¡lo que ha hecho el BCB es como devaluar! Así como como los actuales gobernadores y alcaldes opositores, que, por más que manifiesten lo contrario, están tan contentos con el fallo del TCP, que también les permite a ellos repostularse para seguir gastando a manos llenas, los inflacionistas deberían estar más que contentos ahora que han encontrado una manera creativa de solventar el modelo inmediatamente antes de recurrir a la devaluación cambiaria, y de incrementar la competitividad, las exportaciones y el crecimiento.

Pero pasando de lo contable, legal y anecdótico, en lo económico hemos pasado así del no-gasolinazo a la no-devaluación (y la no-inconstitucionalidad de la repostulación) en tan solo unos días, y hemos registrado también el tercer hecho relevante de estos días: el PGE 2018, que está lleno de elementos confusos y contradictorios, como el simultáneo incremento del déficit hasta el más que alarmante 8.3% y la idea de emitir nuevos bonos soberanos por $1.000 millones para destinarlos al gasto.

No obstante, no vale la pena ya detenerse en más datos ni detalles, la estrategia sigue siendo la misma: desestiman una pronta crisis generalizada porque, al aumentar todavía más el gasto público aumentaría el crecimiento, por tanto, la recaudación y, finalmente, la reducción del déficit, pero esto jamás ha funcionado ni va a funcionar, ni en Bolivia ni en Júpiter (basta ver la cantidad ingente de recursos que se ha prestado y la cantidad de ingresos que han generado las empresas públicas en 11 años).

Mientras no pasemos de una vez a las políticas de oferta, da igual lo que diga cada presupuesto. No hay modelo económico posible que estimule la demanda agregada ad infinitum, porque, si, como ahora, se llega al punto en que no se puede consumir lo que no se ha producido aún, habrá que importar, y lo único que está permitiendo mantener el nivel de gasto y consumo importado es un tipo de cambio que se pretende sostener con artificios contables y no con medidas económicas que atraigan dólares de Inversión Extranjera Directa en cantidades industriales para la inversión productiva. Eso sí, cuando la devaluación sea mediante el tipo de cambio recién entenderán el vínculo directo entre la moneda y el sector real y bancario y financiero de la economía, pero ya será tarde, el daño estará hecho.

Hace mucho tiempo dije que devalurían y que no querrían llamarle devaluación. Dicho y hecho, esto está color hormiga. ¿Habrá tiempo y margen de maniobra para que no toquen el tipo de cambio antes de 2019?

Si te están estafando con la democracia, que no te estafen también con la economía. Ponte en contacto conmigo ahora escribiéndome un par de párrafos describiendo tu situación y te responderé pronto.

Fuente.

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Por: Mauricio Ríos García

Hace ya más de año que, a medida que el agravamiento de las condiciones para la inversión de largo plazo en Bolivia se agravan, cada viernes por la mañana envío un newsletter de análisis de coyuntura y oportunidades de inversión en el exterior a mis clientes y demás suscriptores. Ya sobre el cierre de la del viernes 24 de noviembre, alcancé a decir algo muy breve:

A inicios de noviembre de 2017 las Reservas Internacionales Netas de Bolivia cayeron por debajo del soporte de los $10.000 millones. Sin embargo, hoy registran un incremento hasta los $10.631 millones gracias al traspaso de $647 millones del Fondo de Protección al Ahorrista. En lo contable esto es un simple artilugio. ¿En lo legal también? Por favor, que alguien les explique que el problema de sostener el tipo de cambio no es contable.

Tan sólo cuatro días más tarde, Óscar Ortíz, Senador opositor por Santa Cruz, se percató del hecho y lo denunció exigiendo un informe oral.

La denuncia no causó el impacto ni la reacción de acuerdo a la magnitud del problema, entre otros aspectos, porque se cruzó con el anuncio del fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional que habilita a Morales a repostular su candidatura en 2019, pero cuando lo hizo más de 24 horas más tarde, los seguidores de la tan antigua como errada teoría del inflacionismo, se escandalizaron diciendo que el Banco Central de Bolivia imprimió bolivianos contra lo que se quedó del Fondo de Protección al Ahorrista, y que, por tanto, no tienen derecho de atentar contra la seguridad de los ahorristas de esta forma, porque así están inflando reservas, y además con recursos ajenos.

Tienen razón, aunque la gran pregunta es de qué se escandalizan, si a fin de cuentas ¡lo que ha hecho el BCB es como devaluar! Así como como los actuales gobernadores y alcaldes opositores, que, por más que manifiesten lo contrario, están tan contentos con el fallo del TCP, que también les permite a ellos repostularse para seguir gastando a manos llenas, los inflacionistas deberían estar más que contentos ahora que han encontrado una manera creativa de solventar el modelo inmediatamente antes de recurrir a la devaluación cambiaria, y de incrementar la competitividad, las exportaciones y el crecimiento.

Pero pasando de lo contable, legal y anecdótico, en lo económico hemos pasado así del no-gasolinazo a la no-devaluación (y la no-inconstitucionalidad de la repostulación) en tan solo unos días, y hemos registrado también el tercer hecho relevante de estos días: el PGE 2018, que está lleno de elementos confusos y contradictorios, como el simultáneo incremento del déficit hasta el más que alarmante 8.3% y la idea de emitir nuevos bonos soberanos por $1.000 millones para destinarlos al gasto.

No obstante, no vale la pena ya detenerse en más datos ni detalles, la estrategia sigue siendo la misma: desestiman una pronta crisis generalizada porque, al aumentar todavía más el gasto público aumentaría el crecimiento, por tanto, la recaudación y, finalmente, la reducción del déficit, pero esto jamás ha funcionado ni va a funcionar, ni en Bolivia ni en Júpiter (basta ver la cantidad ingente de recursos que se ha prestado y la cantidad de ingresos que han generado las empresas públicas en 11 años).

Mientras no pasemos de una vez a las políticas de oferta, da igual lo que diga cada presupuesto. No hay modelo económico posible que estimule la demanda agregada ad infinitum, porque, si, como ahora, se llega al punto en que no se puede consumir lo que no se ha producido aún, habrá que importar, y lo único que está permitiendo mantener el nivel de gasto y consumo importado es un tipo de cambio que se pretende sostener con artificios contables y no con medidas económicas que atraigan dólares de Inversión Extranjera Directa en cantidades industriales para la inversión productiva. Eso sí, cuando la devaluación sea mediante el tipo de cambio recién entenderán el vínculo directo entre la moneda y el sector real y bancario y financiero de la economía, pero ya será tarde, el daño estará hecho.

Hace mucho tiempo dije que devalurían y que no querrían llamarle devaluación. Dicho y hecho, esto está color hormiga. ¿Habrá tiempo y margen de maniobra para que no toquen el tipo de cambio antes de 2019?

Si te están estafando con la democracia, que no te estafen también con la economía. Ponte en contacto conmigo ahora escribiéndome un par de párrafos describiendo tu situación y te responderé pronto.

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