Argentina: Sobre algunas objeciones a la dolarización

Argentina: Sobre algunas objeciones a la dolarización

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Argentina Sobre algunas objeciones a la dolarización

Por: Nicolás Cachanosky

Nuevamente comienza a discutirse la idea de dolarizar la economía argentina. Si bien no es la primera vez en la historia argentina que se habla de dolarización, el tema aún genera posiciones encontradas. Para unos los beneficios son obvios. Para otros los costos son obvios. Si bien las propuestas de dolarización se enfrentan a numerosas críticas, varias de ellas son infundadas o improcedentes. A continuación algunos problemas con algunas objeciones a las propuestas de dolarizar la economía argentina.

Falacia de Nirvana

Quizás la objeción más curiosa sea que, de cerrar el BCRA, Argentina no tendría un banco central para mitigar shocks externos y llevar adelante una buena política monetaria. Esta objeción es una versión de lo que en economía se conoce como falacia de Nirvana, que consiste en comparar una situación real e imperfecta con una situación irreal pero perfecta. Digo curiosa porque esta objeción se basa en un BCRA que podemos imaginar, pero que la historia nos muestra que no podemos tener.

Por supuesto, nadie sostiene que una dolarización sea la solución a todos los males del país ni que esté libre de restricciones. Sin embargo, es irreal evaluar un escenario de dolarización contra un BCRA ideal pero irreal. En resumen, esta objeción compara una dolarización con el BCRA que queremos tener, no con el BCRA que tenemos ni con el que podemos tener.

Desde la fundación del BCRA hasta la fecha, la inflación anual promedio en Argentina ha sido del 55 por ciento. El único momento en la historia reciente en el que Argentina ha estado libre de inflación ha sido durante la convertibilidad en los noventa. Justamente la época en que el BCRA estuvo institucionalmente más limitado. Si hay algo que la historia monetaria argentina muestra, es que el BCRA que desean quienes se oponen a la dolarización no representa un escenario realista. Esta historia también muestra que el problema es institucional, y que no es una mera cuestión de elegir a las autoridades correctas para dirigir al BCRA. Es necesario discutir una reforma monetaria. La comparación válida ha de ser entre dolarizar Argentina y el BCRA que de hecho tenemos, no con una versión idealizada pero irreal de la autoridad monetaria del país.

Soberanía monetaria

Otra objeción común consiste en sostener que, de dolarizar la economía, se estaría renunciando a la soberanía monetaria del país. Sin embargo, el soberano es el pueblo, y el soberano ha elegido el dólar como moneda de ahorro por sobre el peso. Más que defender la soberanía, lo que se hace es limitarla.

Existen países que no tiene su propia moneda pero no por ello pensamos que sean menos soberanos. Panamá, por ejemplo, no es menos soberano como país por usar el dólar. Francia no es menos soberano como país que Suiza por usar el euro en lugar del franco suizo.

De hecho, Argentina es un país informal y parcialmente dolarizado. Argentina no es un país formal y completamente dolarizado por seguir manteniendo el peso como un proyecto de moneda. Es importante recordar que el soberano es el pueblo, no el gobierno. Si la soberanía es lo que realmente importa, entonces las autoridades acomodarían las preferencias reveladas de los ciudadanos.

Prestamista de última instancia

De no haber un banco central, entonces no habría un prestamista de última instancia en el mercado financiero. Existen momentos en que los bancos necesitan acceso a un prestamista de última instancia para evitar una potencial corrida bancaria. De dolarizarse la economía, se perdería este importante prestamista.

Por un lado, la literatura sobre la banca libre muestra que la necesidad de un prestamista de última instancia está basada en modelos irreales y en una mala interpretación de la historia económica. Casos de banca libre como el canadiense, el escocés o el australiano, por mencionar tres casos, muestran la estabilidad endógena del sistema bancario sin la presencia de bancos centrales. Vale aclarar, el sistema norteamericano anterior a la creación de la Reserva Federal no corresponde con un caso de banca libre. Corresponde a un caso de regulación financiera con crisis bancarias como resultado.

No obstante, la ausencia de un banco central no implica ausencia de un prestamista de última instancia. La idea detrás de último prestamista es separar bancos ilíquidos de bancos insolventes. Son los primeros, no los segundos, los que deben tener acceso a un salvataje financiero. En un escenario de dolarización sin banco central, los bancos comerciales aún tienen acceso a todo el sistema financiero doméstico e internacional para conseguir ayuda financiera. Si estos bancos logran mostrar que son solventes, entonces deberían estar dispuestos a pagar una prima por sobre la tasa de mercado para asegurarse un préstamo.

De este modo, la banca local no solo mantiene su acceso a fondos líquidos, sino que reduce los problemas de riesgo moral, dado que los bancos privados (domésticos e internacionales) no tendrán interés en extender un salvataje a bancos insolventes. Esto no quita que estos bancos no puedan ser adquiridos por otras entidades o que exista un seguro de depósito para proteger a los depositantes.

Déficit fiscal

Dolarizar la economía no es solución si no se reduce el déficit fiscal. Y si se reduce el déficit fiscal, entonces ya no es necesario dolarizar la economía. Hay algo de verdad en esta objeción, quizás la que me resulte más válida de todas. Pero esto tampoco implica que no existan beneficios a considerar en un escenario de dolarización.

También es cierto que Argentina sigue con alta inflación y altos déficit fiscales. Una seria discusión sobre una dolarización de Argentina permitiría también discutir una reforma fiscal. Hoy día esta discusión también se encuentra cerrada. Abrir la discusión a una dolarización trae dos beneficios. Por un lado, abrir la necesaria discusión de reforma fiscal, donde se pueden incluir mayorías especiales cuando el gasto aumente por encima de los ingresos. Por el otro lado, se cierra el BCRA y se tira la llave de la expansión monetaria al río. Una dolarización es una reforma más fuerte que una convertibilidad, dado que es más costoso salirse. Un ejemplo lo representa la reciente crisis griega, donde se vio lo difícil que es reinstaurar la dracma como moneda corriente. En Ecuador, la dolarización no solo fue un shock expansivo, sino que le puso límites al gobierno populista de Correa.

Ya probamos con la convertibilidad

Por último, se suele objetar también que Argentina ya estuvo dolarizada durante la convertibilidad y el final del experimento fue nada menos que la crisis del 2001 al no controlarse el déficit fiscal. No estoy de acuerdo con que la convertibilidad sea un caso de dolarización.

Lo que Argentina tuvo en la década del noventa no fue una mera convertibilidad. Para ser precisos, lo que tuvimos fue un caso de convertibilidad heterodoxa. Es decir, incompleta. El régimen de convertibilidad violó dos principios. En primer lugar, los pesos no tenían un 100% de respaldo en las reservas netas del BCRA (lo cual lleva a ataques especulativos). En segundo lugar, la oferta de pesos no se movía uno a uno con el flujo de dólares.

Tampoco fue una completa dolarización porque si bien los pesos eran convertibles en dólares, la unidad de cuenta y contratos se realizaban en pesos. El BCRA no se cerró. Esto implica que, como se mencionaba arriba, es más fácil salirse del régimen monetario produciendo una crisis en lugar de equilibrar las cuentas fiscales. El caso de convertibilidad heterodoxa en los noventa no es ejemplo de un escenario de dolarización. Es un ejemplo, en todo caso, de los costos de dejar las reformas a medio camino.

Por último, es importante considerar que una reforma monetaria de esta magnitud no solo facilitaría una discusión profunda de reforma económica y fiscal del país, sino que sería un caso de shock expansivo de la economía. La inflación bajaría rápidamente y los conflictos sociales (por ejemplo, paritarias) se eliminarían. Se facilitaría la expansión de un mercado financiero y de capitales. Desaparecerían las crisis de tipo de cambio, etcétera.

También se eliminaría el eterno juego de atraso cambiario y competitividad modificando el tipo de cambio. Esta política monetaria podría llevarse adelante incluso en un escenario de equilibrio fiscal. Por el contrario, sería necesario discutir una apertura de la economía, reducción de la carga fiscal y desregulación de los mercados para ganar genuina competitividad en lugar de usar el tipo de cambio como atajo.

Los dos últimos años y medio hemos recibido numerosas explicaciones de por qué la alta inflación no es responsabilidad del gobierno. Desde la mala suerte (shocks externos) hasta el supermercado que se aprovecha subiendo precios. Estas son discusiones que le quedan chicas al problema monetario argentino. Sea la dolarización la mejor solución o no, una discusión más profunda de reforma monetaria que la actual es necesaria.

Infobae.

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Por: Nicolás Cachanosky

Nuevamente comienza a discutirse la idea de dolarizar la economía argentina. Si bien no es la primera vez en la historia argentina que se habla de dolarización, el tema aún genera posiciones encontradas. Para unos los beneficios son obvios. Para otros los costos son obvios. Si bien las propuestas de dolarización se enfrentan a numerosas críticas, varias de ellas son infundadas o improcedentes. A continuación algunos problemas con algunas objeciones a las propuestas de dolarizar la economía argentina.

Falacia de Nirvana

Quizás la objeción más curiosa sea que, de cerrar el BCRA, Argentina no tendría un banco central para mitigar shocks externos y llevar adelante una buena política monetaria. Esta objeción es una versión de lo que en economía se conoce como falacia de Nirvana, que consiste en comparar una situación real e imperfecta con una situación irreal pero perfecta. Digo curiosa porque esta objeción se basa en un BCRA que podemos imaginar, pero que la historia nos muestra que no podemos tener.

Por supuesto, nadie sostiene que una dolarización sea la solución a todos los males del país ni que esté libre de restricciones. Sin embargo, es irreal evaluar un escenario de dolarización contra un BCRA ideal pero irreal. En resumen, esta objeción compara una dolarización con el BCRA que queremos tener, no con el BCRA que tenemos ni con el que podemos tener.

Desde la fundación del BCRA hasta la fecha, la inflación anual promedio en Argentina ha sido del 55 por ciento. El único momento en la historia reciente en el que Argentina ha estado libre de inflación ha sido durante la convertibilidad en los noventa. Justamente la época en que el BCRA estuvo institucionalmente más limitado. Si hay algo que la historia monetaria argentina muestra, es que el BCRA que desean quienes se oponen a la dolarización no representa un escenario realista. Esta historia también muestra que el problema es institucional, y que no es una mera cuestión de elegir a las autoridades correctas para dirigir al BCRA. Es necesario discutir una reforma monetaria. La comparación válida ha de ser entre dolarizar Argentina y el BCRA que de hecho tenemos, no con una versión idealizada pero irreal de la autoridad monetaria del país.

Soberanía monetaria

Otra objeción común consiste en sostener que, de dolarizar la economía, se estaría renunciando a la soberanía monetaria del país. Sin embargo, el soberano es el pueblo, y el soberano ha elegido el dólar como moneda de ahorro por sobre el peso. Más que defender la soberanía, lo que se hace es limitarla.

Existen países que no tiene su propia moneda pero no por ello pensamos que sean menos soberanos. Panamá, por ejemplo, no es menos soberano como país por usar el dólar. Francia no es menos soberano como país que Suiza por usar el euro en lugar del franco suizo.

De hecho, Argentina es un país informal y parcialmente dolarizado. Argentina no es un país formal y completamente dolarizado por seguir manteniendo el peso como un proyecto de moneda. Es importante recordar que el soberano es el pueblo, no el gobierno. Si la soberanía es lo que realmente importa, entonces las autoridades acomodarían las preferencias reveladas de los ciudadanos.

Prestamista de última instancia

De no haber un banco central, entonces no habría un prestamista de última instancia en el mercado financiero. Existen momentos en que los bancos necesitan acceso a un prestamista de última instancia para evitar una potencial corrida bancaria. De dolarizarse la economía, se perdería este importante prestamista.

Por un lado, la literatura sobre la banca libre muestra que la necesidad de un prestamista de última instancia está basada en modelos irreales y en una mala interpretación de la historia económica. Casos de banca libre como el canadiense, el escocés o el australiano, por mencionar tres casos, muestran la estabilidad endógena del sistema bancario sin la presencia de bancos centrales. Vale aclarar, el sistema norteamericano anterior a la creación de la Reserva Federal no corresponde con un caso de banca libre. Corresponde a un caso de regulación financiera con crisis bancarias como resultado.

No obstante, la ausencia de un banco central no implica ausencia de un prestamista de última instancia. La idea detrás de último prestamista es separar bancos ilíquidos de bancos insolventes. Son los primeros, no los segundos, los que deben tener acceso a un salvataje financiero. En un escenario de dolarización sin banco central, los bancos comerciales aún tienen acceso a todo el sistema financiero doméstico e internacional para conseguir ayuda financiera. Si estos bancos logran mostrar que son solventes, entonces deberían estar dispuestos a pagar una prima por sobre la tasa de mercado para asegurarse un préstamo.

De este modo, la banca local no solo mantiene su acceso a fondos líquidos, sino que reduce los problemas de riesgo moral, dado que los bancos privados (domésticos e internacionales) no tendrán interés en extender un salvataje a bancos insolventes. Esto no quita que estos bancos no puedan ser adquiridos por otras entidades o que exista un seguro de depósito para proteger a los depositantes.

Déficit fiscal

Dolarizar la economía no es solución si no se reduce el déficit fiscal. Y si se reduce el déficit fiscal, entonces ya no es necesario dolarizar la economía. Hay algo de verdad en esta objeción, quizás la que me resulte más válida de todas. Pero esto tampoco implica que no existan beneficios a considerar en un escenario de dolarización.

También es cierto que Argentina sigue con alta inflación y altos déficit fiscales. Una seria discusión sobre una dolarización de Argentina permitiría también discutir una reforma fiscal. Hoy día esta discusión también se encuentra cerrada. Abrir la discusión a una dolarización trae dos beneficios. Por un lado, abrir la necesaria discusión de reforma fiscal, donde se pueden incluir mayorías especiales cuando el gasto aumente por encima de los ingresos. Por el otro lado, se cierra el BCRA y se tira la llave de la expansión monetaria al río. Una dolarización es una reforma más fuerte que una convertibilidad, dado que es más costoso salirse. Un ejemplo lo representa la reciente crisis griega, donde se vio lo difícil que es reinstaurar la dracma como moneda corriente. En Ecuador, la dolarización no solo fue un shock expansivo, sino que le puso límites al gobierno populista de Correa.

Ya probamos con la convertibilidad

Por último, se suele objetar también que Argentina ya estuvo dolarizada durante la convertibilidad y el final del experimento fue nada menos que la crisis del 2001 al no controlarse el déficit fiscal. No estoy de acuerdo con que la convertibilidad sea un caso de dolarización.

Lo que Argentina tuvo en la década del noventa no fue una mera convertibilidad. Para ser precisos, lo que tuvimos fue un caso de convertibilidad heterodoxa. Es decir, incompleta. El régimen de convertibilidad violó dos principios. En primer lugar, los pesos no tenían un 100% de respaldo en las reservas netas del BCRA (lo cual lleva a ataques especulativos). En segundo lugar, la oferta de pesos no se movía uno a uno con el flujo de dólares.

Tampoco fue una completa dolarización porque si bien los pesos eran convertibles en dólares, la unidad de cuenta y contratos se realizaban en pesos. El BCRA no se cerró. Esto implica que, como se mencionaba arriba, es más fácil salirse del régimen monetario produciendo una crisis en lugar de equilibrar las cuentas fiscales. El caso de convertibilidad heterodoxa en los noventa no es ejemplo de un escenario de dolarización. Es un ejemplo, en todo caso, de los costos de dejar las reformas a medio camino.

Por último, es importante considerar que una reforma monetaria de esta magnitud no solo facilitaría una discusión profunda de reforma económica y fiscal del país, sino que sería un caso de shock expansivo de la economía. La inflación bajaría rápidamente y los conflictos sociales (por ejemplo, paritarias) se eliminarían. Se facilitaría la expansión de un mercado financiero y de capitales. Desaparecerían las crisis de tipo de cambio, etcétera.

También se eliminaría el eterno juego de atraso cambiario y competitividad modificando el tipo de cambio. Esta política monetaria podría llevarse adelante incluso en un escenario de equilibrio fiscal. Por el contrario, sería necesario discutir una apertura de la economía, reducción de la carga fiscal y desregulación de los mercados para ganar genuina competitividad en lugar de usar el tipo de cambio como atajo.

Los dos últimos años y medio hemos recibido numerosas explicaciones de por qué la alta inflación no es responsabilidad del gobierno. Desde la mala suerte (shocks externos) hasta el supermercado que se aprovecha subiendo precios. Estas son discusiones que le quedan chicas al problema monetario argentino. Sea la dolarización la mejor solución o no, una discusión más profunda de reforma monetaria que la actual es necesaria.

Infobae.

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